Los abuelos hablan de su relación con los nietos

Hemos reunido a cuatro abuelos que se mantienen profesionalmente en activo, se hacen eco de las necesidades de sus hijos y se sienten encantados de compartir tiempo, juegos y emociones con sus nietos.

Es reconfortante verlos llegar a la cita, a las 10 de la mañana en la cafetería de la National Geographic Store (en el 74 de la Gran Vía madrileña), con el dinamismo de quien mantiene en activo trabajo y proyectos y con la disposición de ánimo tranquilo que aporta la madurez. Mientras se ultiman los preparativos para la charla, dejan ver sin disimulo su ilusión y entusiasmo por acometer la tarea. Se diría que hay en ellos algo de niños ante un emocionante juego. ¿Quizá contagiados por el trato con sus nietas y nietos…? Patrick tiene dos nietas. Manuel, otras dos. Juan Ignacio, lo mismo, dos niñas. Y Javier, cuatro nietos varones (“¡las niñas ganan por goleada!”, bromean). Les cedemos la palabra para que nos cuenten su experiencia.

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Crecer Feliz: SOIS ABUELOS JÓVENES Y VUESTROS NIETOS TAMBIÉN LO SON. ¿CÓMO ES VUESTRA RELACIÓN CON ELLAS Y ELLOS?

Patrick: Mi nieta Charlotte, de 17 meses, vive en Madrid. Cloé, de 4 años, en Miami. La pequeña es bilingüe, francés y español, entiende en los dos idiomas, pero aún no se expresa bien. Con la mayor tenemos la distancia y la diferencia horaria, que intentamos salvar con la web-cam y en vacaciones. Con ella la relación está más avanzada. Le pongo límites, ella me tantea... Es una relación de mucho amor e intento enseñarle lo que está bien y lo que está mal.

Manuel: Mi mujer y yo damos el “servicio de intendencia” los fines de semana (risas). Nos traen a las niñas el viernes para que sus padres disfruten; es una excusa para tenerlas el mayor tiempo posible. Son muy distintas. La mayor es muy buena, comunicativa y cariñosa. La peque es una rebelde sin causa. Ambas suponen un grado de emoción continuo que hace que la vida tenga sentido. Yo les enseño todo lo que me gusta. Mi pasión es el campo y tengo un patio con un par de arbolitos, plantamos fresas... Les digo que no hay que matar animales de ningún tamaño y ellas los respetan. Es maravilloso acercarlas a la vida. Y ellas me transportan a la época feliz de mi niñez.

Javier: Nosotros también tenemos una segunda residencia cerca de Madrid, “la casa de los hijos y nietos”, para pasar juntos los fines de semana. No les veo tanto como querría, porque aún trabajo, pero los viernes desconecto y voy a recoger al mayor a la guardería, ¡a él le hace mucha ilusión! (sonríe orgulloso). Con los pequeños hago gimnasia de coordinación, les enseño a coger el biberón con una mano u otra... Y ayudo a sus padres para que aprendan inglés o natación. Con el mayor ya puedo jugar al fútbol, charlar, enseñarle cosas... Este nieto es muy hablador. Y si te cuenta algo y te ríes, ¡va a contárselo a todo el mundo!

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Juan Ignacio: En mi caso, la pequeña vive en Oviedo. Hablo con ella por teléfono todos los días, le digo cositas y se queda callada, mi hija me dice que sonríe (sonríe tamtambién él). Y siempre le señala una foto mía que tienen en la nevera y le dice: “Mira, Noa, es el abuelo”. La mayor, Ana, vive en Madrid, así que la veo con más frecuencia. Nos la traen a casa los lunes por la tarde y se queda a cenar, es una ocasión para convivir con ella. La cojo en brazos, le enseño cómo preparan su comida (le encanta comer)... Y ahora estamos en la “operación pipí”. También recibe enseñanza bilingüe: le hablas en inglés o en español y te entiende perfectamente, pero ella aún habla muy poco. Te cuenta cosas en un idioma extrañísimo, porque no se le entiende nada (risas). Ser abuelo es una experiencia fantástica.

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