¡Hasta aquí hemos llegado!

Los niños necesitan límites para sentirse queridos y aprender a comportarse. Saber cuándo y cómo empezar a imponérselos es la clave para que los acepten mejor.

Desde el instante en que vuestro bebé nace y empezáis a deshaceros en cuidados y atenciones con él, ya le estáis educando.

Alimentarlo, abrazarlo para consolarle cuando llora y cambiarle el pañal cada vez que lo ensucia es enseñarle a tener en cuenta las necesidades de los demás; hablarle con cariño es mostrarle cómo tiene que dirigirse a los que le rodean; comeros un dulce a medias con vuestra pareja, delante de él, es demostrarle lo agradable que resulta compartir las cosas; llevarle al pediatra es la manera más evidente de decirle que queréis que esté sano y se sienta bien...

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Y todos estos detalles del día a día en los que a veces ni siquiera reparáis (os salen del corazón) y de los que él participa y es testigo presencial, sientan los pilares más básicos de su educación: la empatía, el respeto, la comprensión, la generosidad, la colaboración...

AHORA ES EL MOMENTO

Una vez hecho lo básico, que aunque parezca un contrasentido realizáis de forma instintiva y sin demasiados quebraderos de cabeza, llega un periodo bastante más complicado: el de empezar a decirle “no” y comenzar a enseñarle normas.

Y es que desde los 12 o los 15 meses las cosas cambian: antes no había riesgo de malcriar a vuestro hijo, a pesar de cogerle en brazos, besarle y abrazarle mucho (al contrario, cuanto más cariño recibe un bebé, más seguro se siente y menos tarda en adaptarse al mundo exterior), pero ahora sí.

Vuestro pequeño ha dejado de ser ese bebé pasivo al que podíais manejar fácilmente y se ha convertido en un niño activo, imparable, que quiere explorar el mundo por su cuenta y riesgo y que no admite, de ninguna manera, no poder hacerlo.

A ello se une que ha descubierto las relaciones causa-efecto: sabe que su pelota rebota si la tira al suelo, que su móvil de cuna se pone en marcha si aprieta el botón de inicio..., y que sus padres hacéis lo posible (y lo imposible) para calmarle si llora. ¡Cuidado! Aunque os siga pareciendo muy pequeño, ya ha entrado en esa etapa que los psicólogos infantiles denominan “crítica” y se encuentra en el momento más adecuado para empezar a marcarle límites.

¿Por qué? Porque ahora tiene más memoria y mejor capacidad para comprender qué esperáis de él y para entender la razón de que haya “hazañas” que puede llevar a cabo y otras que no debe intentar ni en broma.

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Aunque os cueste marcarlos, los límites son imprescindibles en la educación de los hijos para evitar que se sientan perdidos: les demuestran que tienen unos padres “sabios”, firmes y resueltos, que les corrigen y les enseñan, lo que les hace sentirse queridos y protegidos, les da seguridad y les ayuda a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, algo básico para poder relacionarse sin problemas dentro y fuera de su círculo familiar.

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