Tu hijo reclama tu atención

En su afán de llamar tu atención, tu hijo no siempre lo hará de forma adorable. También utilizará conductas agresivas

El pequeño no sólo capta tu interés con sus comportamientos adorables; muchas de las cosas poco o nada agradables que hace desde que es un bebé reclaman tu atención.

El llanto es la primera conducta señalizadora “negativa” con la que te vas a encontrar. Con sus sollozos el bebé expresa aquello que no es capaz de decir con palabras. Es una forma de lenguaje. El hecho de que resulte tan angustioso no es algo casual: la naturaleza lo ha hecho así para despertar en quienes lo oyen la necesidad imperiosa de acudir.

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Cuando crece, el niño capta tu interés pidiéndote ayuda, o exigiendo que le atiendas aunque estés ocupada, o enfadándose o desafiando tu autoridad.

Las acciones negativas pueden estar vinculadas a su supervivencia (cuando se hace daño o se pone en riesgo) o ligadas a valores morales importantes para los adultos (comportamientos asociales, maleducados…). Las primeras se deben a la inocencia del niño, a su falta de visión del peligro, y suelen desaparecer con el tiempo, según va comprendiendo los riesgos.

Las llamadas de atención vinculadas a actuaciones de rebeldía empiezan a cobrar importancia en torno a los 2 años. En ese momento el niño adquiere su idea de identidad: se reconoce a sí mismo como ser independiente y ejerce su “yo” a través del conflicto con el resto: “yo pienso”, “yo tengo”, “yo no quiero”...

Hasta los 4 o 5 años aproximadamente, el niño se manifiesta claramente egocéntrico, incapaz de ponerse en el lugar del otro para entender sus motivos. Por eso se enfada cuando le quitas algo que es de otro niño, o te interrumpe cuando estás haciendo cosas en las que no participa, como hablar por teléfono o leer.

Terminar con este comportamiento invasivo depende, en gran medida, de la paciencia y la perseverancia que tengas poniéndole límites.

Cómo actuar

El niño necesita que le dediques tiempo para aprender qué está bien y qué no. No dar demasiada importancia a sus acciones negativas ayudará a extinguirlas. Esto no significa que no haya que castigarle o regañarle cuando hace algo mal, sino que hay que procurar hacerlo manteniendo la cabeza fría, de forma justa y sin dramatizar, para que no vincule tu atención con sus “malas” acciones. Si no, en lugar de abandonarlas, incrementará su frecuencia.

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Retrocesos en su desarrollo

una forma de pedirte ayuda En sus primeros años, el pequeño siente muchas cosas que no es capaz de interpretar ni, mucho menos, de expresar con palabras. Por eso a veces puede manifestar su descontento, malestar o incomprensión a través de acciones involuntarias con las que reclama atención.

Si tu hijo vuelve a necesitar el pañal por las noches después de haber aprendido a controlar el pis, o si empieza a tener dificultades para dormir, o inapetencia, o reacciona de forma agresiva… puede estar pidiéndote ayuda. Esto suele suceder ante algún cambio importante en su vida, como la llegada de un hermanito, un nuevo hogar, la entrada en la guardería, la muerte de un familiar...

No te lo tomes como una provocación ni te enfades con él, procura darle toda la comprensión de la que seas capaz y no pierdas la paciencia. Eso sí: si el problema no remite a los pocos meses, consulta con un psicólogo infantil.

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