Inquieto en casa, sereno en el cole

Hay niños que en casa se comportan de modo distinto a como lo hacen fuera de ella. ¿De qué depende este cambio de actitud?

Juan, de 3 años y medio, es un rabo de lagartija en casa: corre por el pasillo, irrumpe en el salón, se sube al sofá, se baja, vuelve al pasillo... No para quieto un instante, ni siquiera para comer. A su madre le preocupaba el inicio de su escolarización: ¿la profesora será capaz de controlar a este pequeño torbellino?

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Sin embargo, desde el comienzo del curso no ha hecho más que recibir buenas noticias: su hijo es un niño obediente, colaborador, trabajador...

El caso de Juan no es tan extraño. Por lo general, los niños de esta edad suelen mostrarse más recatados en el colegio que en casa. Veamos por qué.

La influencia del grupo en su carácter

La psicóloga Judith Rich Harris opina que la influencia del grupo es más poderosa que la de los padres. Ella piensa que los niños se educan entre sí, copiando el comportamiento de unos y otros, puesto que la imitación es una de las bases del aprendizaje.

En otras palabras: si todos los niños se sientan para hacer una ficha, el niño inquieto, salvo que sea hiperactivo, hará lo mismo. Y es que a esta edad el poder de la imitación es tan fuerte que el niño amolda su conducta a la de sus compañeros. Por eso muchos niños comen mejor en el colegio que en casa, porque ven que los otros acaban su plato sin protestar. A esto se suma que a los 3 años los niños ya se comparan con los demás y no les gusta ser distintos. Y también intuyen lo que el entorno (o sea, la maestra) espera de ellos. Por eso la obedecen, porque quieren estar a la altura de sus expectativas.

Otro factor influyente es que tienen menos confianza con la profesora que con sus padres para mostrarse tal y como realmente son.

El niño necesita desfogarse

No obstante, a todos los niños, aunque sean tranquilos, les cuesta portarse bien en el colegio. Colaborar, obedecer, esperar su turno, hablar sin gritar... es un esfuerzo muy grande durante muchas horas seguidas.

Por eso es tan recomendable llevarlos un rato al parque después de clase, para que desfoguen energías y lleguen a casa cansados. Es una manera muy agradable de compensarles por las muchas horas que han pasado quietecitos y de evitar que al volver a casa pongan nerviosos a sus padres.

Publicidad - Sigue leyendo debajo