Evita que tu hijo se muerda las uñas

No le reprendas. Mejor, muéstrate muy comprensiva e intenta averiguar el motivo por el que recurre a esta mala costumbre.

El hábito de morderse las uñas (onicofagia en el argot médico) es un acto compulsivo, lo que significa que el niño lo realiza de forma inconsciente, no para llamar la atención ni para fastidiar a sus papás, como a veces puede parecer.

Calma y paciencia

Aun así, es lógico que los padres lo pasen fatal cada vez que ven que su hijo se lleva los dedos a la boca y que reaccionen de manera automática diciéndole “¡no hagas eso!”, pero esta actuación no resulta útil para erradicar el problema, ya que añade nerviosismo y tensión a la situación y sólo logra fijarla más.

En general, detrás del gesto de morderse las uñas suelen esconderse pequeñas dificultades de relación, nerviosismo, inseguridad, desorientación, estrés, cansancio... Por eso, para ayudar a los pequeños a vencer este mal hábito, los padres deben mostrarse pacientes y comprensivos con ellos.

Tácticas eficaces

Si tu hijo se muerde las uñas, lo más eficaz para que deje de hacerlo, además de no mordértelas tú, es que intentes averiguar por qué lo hace. Para ello, procura hablar mucho con él y anímale a que te cuente cómo le ha ido el día. Interesándote por sus cosas darás con el quid de su problema y podrás ayudarle a superarlo.

Además, practica estos consejos:

  • Cuando se muerda las uñas delante de otras personas, en lugar de llamarle la atención, acuerda con él un código secreto (guiñarle un ojo, por ejemplo) que le recuerde que no debe hacerlo. Así le ayudas a esforzarse y le demuestras tu complicidad.
  • Enséñale a identificar sus sentimientos y a ponerles nombre (“veo que estás preocupado, o triste, o contento por lo que te ha pasado”). Así podrá asimilarlos mejor y compartirlos.
  • Procura que lleve una vida ordenada y que duerma las horas suficientes para su edad (de 10 a 12 diarias).
  • Intenta crear un ambiente distendido en casa, que le ayude a relajarse.
  • Cuando le notes nervioso, dale algo que le mantenga las manos ocupadas, para evitar que sin darse cuenta se lleve los dedos a la boca.
  • Reserva un rato cada día para que pasee, juegue y monte en los columpios al aire libre. Necesita descargar los nervios mediante el ejercicio físico.
  • Felicítale cuando consiga no morderse las uñas durante unos días, porque esto reforzará su autoestima. Suele dar buen resultado decirle que por cada una que no se muerda en una semana le comprarás un regalito. Con este sistema de premios le demuestras que valoras su gran esfuerzo y le incitas a seguir persiguiendo su meta.

    Métodos contraproducentes

    Por suerte, ya no se practican los métodos correctivos que se usaban antiguamente para erradicar el hábito de morderse las uñas, como sujetar las manos del niño a la espalda, pintarle las uñas de rojo para ridiculizarle o untarle los dedos con productos amargos.

    Pero también debemos evitar otros aún vigentes, como enfadarnos con él, amenazarle, avergonzarle delante de sus amigos, castigarle o darle un manotazo, porque así mermamos su autoestima y sólo conseguimos reforzar su mal hábito.

    ¡Qué curioso!

    Estos niños son más propensos que el resto a caer en el hábito de morderse las uñas:

    • Los introvertidos y de carácter tímido y apocado, a los que les cuesta mucho expresarse y comunicar lo que sienten.
    • Los de temperamento muy nervioso, que no pueden parar y necesitan estar haciendo “algo” continuamente.
    • Los hipersensibles, a los que todo les afecta y les desborda y sienten ansiedad.

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