¡Otra noche con pesadillas!

Ésta es la típica edad de las pesadillas. Mantener la calma y saber cómo actuar es básico para convertir estos episodios en algo anecdótico.

Es difícil saber con qué sueña un niño, puesto que su capacidad para expresarse es limitada. Su mundo es más sensorial que lingüístico, por lo que en sus sueños deben predominar las sensaciones táctiles, auditivas y visuales por encima de las palabras. Las pesadillas constituyen la parte “fea” de este mundo onírico y son tan inherentes al ser humano como los buenos sueños.

Causas muy habituales

Las pesadillas son sueños desagradables que airean las angustias del niño. Cuando ocurren, el pequeño grita e intenta huir (puede incluso caerse de la cama), activando involuntariamente sus músculos. Esta agitación física supone la ruptura del sueño paradójico (durante el cual el cuerpo permanece relajado aunque la mente esté activada), por eso el niño recuerda mejor las pesadillas que las ensoñaciones placenteras. Ello explica su negativa a volver a cerrar los ojos.

Del mismo modo que un sueño da pistas sobre lo que desea una persona, las pesadillas revelan la existencia de un problema. Pueden tener que ver con...

  • Problemas físicos. Puede que el niño esté demasiado cansado (hay que evitar que llegue exhausto a la cama), que haya cenado mucho, que tenga fiebre.... Por eso su sueño es más agitado y ligero.
  • Miedos instintivos. Al abandono, a la noche, a los monstruos... Estos temores se acrecientan cuando el niño se queda solo y a oscuras en su cuarto.
  • Conflictos psicológicos. Aunque aparentemente no se enteran de nada, los niños acusan las situaciones de angustia y estrés (discusiones de los padres, muerte de un familiar...). Otra causa de las pesadillas es el exceso de estimulación.

    Soluciones que funcionan

    Para prevenir las pesadillas, conviene:

    • Rodear al niño de un entorno tranquilo y relajado, especialmente cuando llega la hora de acostarle.
    • Evitar los juegos muy movidos y los dibujos de la tele antes de ir a la cama e intentar que no tenga demasiados objetos en las estanterías de su cuarto y encima de su cama.
    • Establecer un ritual para dormir y seguirlo todos los días (el baño, la cena, el cuento...). Esto hará que el pequeño se sienta más seguro y tenga un sueño más tranquilo y reparador.
    • Los colores de su cuarto deben ser suaves y la temperatura de su habitación, moderada (unos 22 ºC). Y su cena tiene que ser ligera (debe cenar al menos hora y media antes de acostarse).

      El niño que tiene pesadillas se despierta angustiado y llorando. No es bueno dejarle llorar, porque así se siente abandonado y su malestar aumenta. El pequeño no nos reclama para manipularnos, sino porque realmente nos necesita.

      Para que se relaje debemos ir enseguida a su cuarto, abrazarlo, ofrecerle agua (beber tranquiliza), sentarnos al borde de su cama y explicarle que esa sombra que ha visto en la pared sólo es eso, una sombra, y no un monstruo (aún no distingue entre fantasía y realidad). También podemos cogerle la mano o acariciarle la tripita, pero sin sacarlo de la cama (si lo hacemos, al recordar la pesadilla no querrá volver a acostarse).

      En poco rato se habrá calmado y podrá volver a dormir. Si insiste, durante la noche podemos dejar la luz del pasillo encendida y la puerta de su cuarto entreabierta o poner una foto nuestra cerca de él, para que se sienta más acompañado.

      Por último, ten en cuenta que las pesadillas esporádicas son normales. Pero cuando el niño las tiene durante varios días seguidos, conviene observarle y, si es posible, hablar con él para intentar averiguar qué le asusta y solucionarlo cuanto antes (leerle cuentos sobre niños que vencen sus temores le ayudará a superar sus pesadillas). Y es que dormir bien es fundamental para su desarrollo.

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