Tira, abre y destroza todo

Tu hijo prefiere desmontar y romper las cosas a jugar con ellas. ¿Por qué? ¿Éste es un comportamiento normal?

Es el día de su cumpleaños y Marcos está feliz con su regalo. O, mejor dicho, con el papel que lo envuelve. De hecho, hasta la noche no repara en el precioso camión que le han comprado sus padres.

No es el único niño al que le parece más interesante el envoltorio que el regalo. Y tiene una explicación: estrujando, plegando y rasgando el papel, el pequeño descubre que puede hacer muchas cosas y se siente orgulloso de sí mismo. Es él quien convierte en trocitos el papel, sin ayuda de nadie. ¿Cómo no va a estar entusiasmado?

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DESCUBRIENDO EL YO

En el primer año el niño se vive a sí mismo como una parte de su madre, pero esto cambia en el segundo año: por sus nuevas habilidades (como desplazarse él solo), descubre que es una persona autónoma. Y éste es el comienzo del descubrimiento del “yo”, un hallazgo en el que el juego desempeña una función importantísima.

Por ejemplo, en esta etapa le encanta tirar objetos desde su trona, su sillita o su parque. Observa atento cómo caen y escucha el ruido que producen. El siguiente paso es darse cuenta de que es él quien provoca este efecto. Por eso lo repite una y otra vez, hasta que ata cabos. Así aprende la relación causa-efecto.

Aún hay más: lanzando objetos aprende mucho sobre sus características. Al tirar una pelota, rebota y se aleja más que un bloque de madera, que se queda fijo. Pero el bloque hace más ruido. Apretar, desgarrar, sacudir y morder son otras actividades que le permiten conocer mejor los objetos, algo básico para poder ir asimilando conceptos abstractos como pequeño-grande, arriba-abajo, delante-detrás, fuera-dentro...

¡ABAJO ESA TORRE!

El niño de 1 año disfruta llenando y vaciando distintos recipientes. Al llenar una caja, cerrarla y volverla a abrir, comprende que los objetos del interior permanecen ahí, aunque él no los vea.

Es el llamado “concepto de permanencia”, que le ayudará a entender que su madre sigue existiendo aunque se vaya a trabajar. También le encanta derrumbar torres (¡es más fácil que construirlas!).

Así, al tiempo que se desfoga, experimenta las leyes de la gravedad. Hay otras formas de jugar “rompiendo”: escarbar en las macetas y esparcir la tierra, tirar el rollo de papel higiénico al inodoro, vaciar los cajones de ropa o destripar un juguete para investigar su interior.

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Se ha comprobado que los niños juegan así más que las niñas, que tienden a ser más cuidadosas y a usar los juguetes para lo que se han ideado: acunan a los muñecos en vez de convertirlos en balones, intentan encajar las piezas del puzle en lugar de lanzarlas de un lado a otro del salón...

Su forma de actuar tan distinta se explica por las diferencias cerebrales entre ellos y ellas.

A menudo piensas: “Mi hijo no juega, sólo rompe”. No es cierto. Golpear, romper y lanzar son modos de jugar que, además de divertirle, le permiten investigar. En definitiva, le ayudan a familiarizarse con el mundo que le rodea y a comprender las leyes que lo rigen.

EL KIT CASERO DEL NÑO CIENTÍFICO

Los niños son pequeños científicos haciendo continuos descubrimientos, por eso hay que ofrecerles materiales
y objetos que satisfagan su enorme afán por aprender.

PAPEL DE COCINA. Para rasgar, plegar, estrujar... También para envolver y tapar objetos y descubrirlos después.

CAJAS DE VARIOS TAMAÑOS. Para llenar, vaciar, apilar y hacerse una idea más acertada de los volúmenes.

TARTERAS CON TAPA. Para abrir y cerrar. Algunos ponen en la tartera un objeto, la cierran y obtienen una maraca.

BLOQUES DE APILAR. De plástico, madera, tela... En este año aprenden a hacer torres y al final del mismo ponen los bloques en fila simulando que son trenes. Es el inicio del juego simbólico (un objeto para representar a otro), un gran paso en su desarrollo intelectual y emocional.

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