Cómo actuar si nuestro hijo es demasiado perfeccionista

Ordena su cuarto, no se mancha, cuida las cosas... Sin embargo, no está contento con lo que hace, tacha el dibujo al acabarlo o se enfada porque las cosas no le salen tan bien como esperaba. ¿Tu hijo también es así?

Maniáticos, obsesivos, escrupulosos, autoexigentes... Los niños perfeccionistas son incapaces de disfrutar mientras juegan o realizan cualquier tarea, porque en lugar de centrarse en lo que están haciendo, no dejan de pensar en que tienen que ser mejores de lo que son y en que tienen que hacer las cosas mejor de lo que las hacen. Y estas ideas les impiden relajarse, valorar lo que consiguen (que suele ser mucho), pasárselo bien e incluso rendir como serían capaces de hacerlo si no se exigieran tanto.

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Además, si acaban fallando o algo no les sale tan bien como esperaban, se sienten frustrados, tristes, inseguros, nerviosos y ansiosos. Y, lo que es peor aún, sin ganas de volver a intentarlo.

LAS POSIBLES CAUSAS

Si creéis que vuestro hijo es demasiado perfeccionista, reflexionad sobre vuestra manera de tratarle, porque es posible que su forma de ser se deba a que, sin daros cuenta, le exigís demasiado.

Además, es fácil que al haberos acostumbrado a su modélico comportamiento, pongáis freno enseguida a la menor rabieta o queja suya, argumentándole que "¡tú nunca te has portado así!".

También puede ocurrir que critiquéis sus trabajos cuando no le salen tan bien como es habitual en él. Esto, a su vez, hace que vuestro hijo se autoexija cada vez más para no decepcionaros, y como consecuencia, su afán de ser perfecto va siendo más y más acusado.

Otra posible causa de su perfeccionismo es que os exijáis mucho a vosotros mismos y como él aprende imitándoos, haya reproducido este modo de funcionar.

En general, los niños más propensos al perfeccionismo son hijos únicos, muy inteligentes, hipersensibles y con un bajo nivel de autoestima.

EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Para que vuestro pequeño se sienta mejor consigo mismo, hay muchas cosas que podéis hacer:

  • Bajad vuestro nivel de exigencia, tanto con vosotros (para darle buen ejemplo) como con él (para que se sienta más relajado y pueda disfrutar de lo que hace).
    • Convencedle de que le queréis mucho y confiáis en sus posibilidades aunque se equivoque de vez en cuando y no sea siempre el mejor en todo. En general, destacad sus aciertos y quitad importancia a sus fallos.
      • Ayudadle a buscar la mejora, no la perfección, en sus tareas.
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        • Elogiad sus actividades por el esfuerzo y el entusiasmo al hacerlas, más que por el resultado final.
          • Explicadle que los errores no son fracasos, sino ocasiones para mejorar. Y cuando se equivoque, animadle a volver a intentar las cosas sin hundirse, aceptando que no es perfecto.

            Poniendo en práctica estas pautas, vuestro hijo empezará a tolerar sus errores y se irá sintiendo cada vez más a gusto en su piel, a pesar de sus imperfecciones. Aún así, es seguro que siempre será un niño con un gran afán de superación, lo que le ayudará a ser bueno (incluso muy bueno) en todo lo que se proponga.

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