¿A quién quieres más?

Hacer comprender a los pequeños que ellos ocupan un lugar único en nuestro corazón y que no se lo va a arrebatar nadie requiere paciencia, mucho cariño y algunas estrategias educativas. Toma nota.

Todos los niños sienten celos en alguna época de su vida. Es inevitable y, en contra de lo que muchas veces se piensa, positivo. Sí, y lo es por muchas razones. Para empezar, que el niño sienta miedo de perder a la persona querida indica que tiene capacidad de amar y que ha establecido unos fuertes lazos de unión con ella.

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Por otro lado, luchar por defender su sitio le hace fuerte, le ayuda a superarse y le prepara para enfrentarse a los contratiempos que le puedan surgir en la vida. Además, comprobar que el otro le sigue queriendo, a pesar de sus dudas, le ayuda a reafirmarse y a confiar más en sí mismo.

Ahora bien, lo que a veces complica las cosas es la manera que el pequeño tiene de expresar sus celos, porque al no saber controlar sus emociones, puede hacer infinidad de travesuras para llamar la atención o agredir a la persona causante de sus celos.

La actitud que adopten los padres ante estas manifestaciones es determinante para ayudar al niño a entender lo que le ocurre, hacerle ver que no tiene nada que temer y lograr, así, que supere este estado emocional que le hace sentirse tan mal.

Los niños suelen tener celos de la relación de pareja que mantienen sus padres, del hermanito y de otros pequeños que le rodean (sus primos, los hijos de los amigos de sus padres...). Veamos cómo hay que actuar en cada caso.

¿Sabías que....

  • ... el hermano pequeño puede tener celos del mayor? Éstos suelen surgir por la admiración que siente ante sus capacidades y habilidades, por los privilegios que le otorgan los padres... Para paliarlos es importante incidir en que él también sabe hacer muchas cosas, encargarle tareas idóneas para su edad y dedicarle un tiempo diario en exclusiva, igual que al hijo mayor.
  • ... los niños son más celosos que las niñas? Numerosas investigaciones lo confirman. Esto es así porque las niñas tienden a identificarse más con su madre que los niños, lo que las lleva a adoptar un comportamiento más maternal con el hermanito, mientras que ellos interpretan su llegada como una usurpación. Por otro lado, cuando las niñas sienten celos lo dicen y ponen a sus padres sobre aviso, lo que les ayuda a superarlos enseguida. Los niños; por el contrario, se suelen encerrar más en sí mismos y esto hace que sea más difícil poder ayudarles.
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