Aprender del otro sexo

Los papás y las mamás pueden aprender mucho unos de otros. Se trata de formar un equipo en el que ambos aporten su estilo y respeten el de su pareja.

Recientemente, un estudio holandés preguntó a un grupo de cada sexo qué pensaban que podían enseñar al otro. He aquí los resultados:
Según los papás, las mamás deben aprender a:

  • Controlar menos. Las madres suelen preocuparse excesivamente por el hijo (su seguridad,la ropa que lleva, lo que come...), lo que no favorece la autonomía del niño. Pero también se complican la vida a sí mismas: se entregan tanto al hijo que se olvidan de sus necesidades.
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    • No buscar la perfección. Generalmente las mamás tienden a intentar tenerlo todo perfecto:una casa y ropa impecables, comidas sanas y caseras... Y conseguirlo puede generar mucho estrés.
      • Dejarse sorprender. Son más partidarias de atenerse a horarios fijos y los padres decían en el estudio que les costaba sacarlas de su rutina. Pero lo que alegra la vida es salirse de vez en cuandode lo establecido: dejar que el niño se acueste más tarde una noche, quedar a comer con amigos, etc. Y según las mamás, los papás deben aprender a:
        • Involucrarse más en los cuidados del niño. Y pensar más por sí mismos al hacerlo. Por ejemplo: acordarse de prepararle el bocadillo del almuerzo, pedir hora al pediatra para las revisiones...
          • Intervenir a tiempo. Según las madres del estudio, los papás suelen ser poco decididos a la hora de imponer orden y al final lo hacen de forma exagerada porque han acumulado frustración.
            • Asumir responsabilidad. Ocuparse de las tareas de forma autónoma, sin preguntar qué pueden hacer.

              Situaciones a evitar

              Cada uno dice una cosa

              Por ejemplo, cuando papá le dice al niño “termina de comer antes de levantarte de la mesa”, mamá le permite hacer lo contrario: “Bueno, puedes comer el postre en el salón”.

              Qué hacer

              Sobre normas de este estilo es importante llegar a un acuerdo. Si no, se darán siempre tensiones en torno a la mesa, a la hora de irse a la cama... y el niño os pondrá a prueba. Necesita saber a qué atenerse para conseguir seguridad en lo que le rodea y en sí mismo.
              Uno es más permisivo que el otro

              Juan está jugando con unos palos y su padre piensa que no es peligroso. Pero mamá
              no está de acuerdo y le dice: “Claro, tu padre
              te deja hacer siempre lo que quieras”.

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              Qué hacer
              Puede que uno sea más permisivo que el otro o que tengáis diferentes ideas sobre el peligro. Habladlo abiertamente hasta que lleguéis a un acuerdo (y pedid consejo a otros padres) en vez de airear así vuestros resentimientos; esto merma la confianza del niño en uno de los dos.
              Uno es el “bueno” y otro el “malo”

              Uno de los progenitores es siempre el que impone las normas, el “sargento”. Por ejemplo, es la madre quien lo hace y el padre remite a ella cada vez que el niño le pide algo:
              “Pregúntale a mamá, a ver qué dice”.

              Qué hacer

              El hecho de que uno de los dos cargue siempre con la educación del hijo crea resentimiento en la pareja y es negativo para el niño, que necesita el ejemplo de la figura que le falta en cada caso. Es lógico que en algunos temas tome más decisiones la madre y en otros el padre, siempre que haya unas directrices generales que estén estipuladas por los dos.
              Un padre desacredita al otro

              Uno de los dos tiene la costumbre de criticar o corregir al otro cuando éste se encuentra en plena interacción con el niño sobre algún tema. Frases como “No le dejas hacer nada“ o “Yo creo que es mejor...” son típicas.
              Qué hacer

              En lugar de intervenir cuando el otro está resolviendo un asunto con el niño, es mejor esperar y hablar sobre el tema más tarde,
              sin la presencia del pequeño.

              Si no se consigue evitarlo, no se debe meter nunca al niño dentro de la discusión (“¿A qué no te gusta esto?”),ya que hacerlo le causa problemas de lealtad, además de darle un poder que no le conviene.

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