Cómo formar un buen equipo

El punto de partida es ser conscientes de que cada progenitor se relaciona de modo distinto con el hijo, y de que esto es positivo.

Así, mamá tiene una actitud más protectora hacia él, le susurra palabras y le sostiene muy cerca de su cuerpo cuando lo coge en brazos... En cambio, papá le anima a ser fuerte e independiente y lo lanza al aire y lo sienta en su regazo mirando al frente, de modo que ambos puedan ver lo que hay a su alrededor.

Desde bebé, el niño se beneficia de estas diferencias, ya que le permiten vivir experiencias distintas. Porque lo importante para él no es que sus padres sean iguales ni que entre ellos haya un acuerdo total, sino que mantengan una cierta coherencia, una comunicación abierta y un respeto mutuo.

De hecho, hace tiempo el psicólogo estadounidense David Cooper hizo un estudio para saber cómo solucionan sus discrepancias los padres y el modo en que influye esto en los hijos.

El estudio demostró que cuando los progenitores esconden sus desacuerdos, surgen tensiones que el niño capta.

En cambio, la mejor situación para el hijo es la que se da cuando ambos expresan claramente sus ideas, pero al mismo tiempo tienen en cuenta la opinión del otro.

Así el niño puede entender que cuando va con papá al parque, éste le deja más libertad e incluso le reta (“cariño, sube, tú puedes”); por eso prefiere ir con él.

Pero cuando quiere que le lean un cuento se lo pide a mamá, porque con ella la lectura dura más.

Y entiende también que si mamá le castiga papá no intervendrá (o viceversa) porque ambos respetan las reglas del otro.

A un niño mayor incluso se le puede explicar que existen diferencias y recurrir a secretillos: “Sí, pensamos distinto sobre la hora de dormir, y en esto mamá es más estricta. ¡Esta noche tienes suerte, porque estás conmigo!”.

Si se le habla sobre las diferencias sin tono crítico o desaprobatorio, entiende que sus padres opinan de manera diferente sin faltarse al respeto.

Pero si no existe este respeto, puede crearse una situación en la que uno de los dos progenitores conspira con el hijo en contra del otro, lo que merma la seguridad del niño y le pone en una posición que no le corresponde dentro de la familia.

Claves para educar a la par

Teniendo en cuenta estos supuestos, podéis aplicar varias estrategias para buscar la coherencia al educar a vuestro hijo:

  • Intentad mantener una actitud abierta. Puede que alguno de los dos, o los dos, no os sintáis a gusto con prácticas diferentes a las vuestras e insistáis en que se haga todo a vuestra manera. Pero recordad que existe más de un modo correcto de educar. Lo mejor es que expongáis vuestras ideas a la pareja y escuchéis las suyas. Después, revalorad las propias, atrevéos a renunciar a las que os hayan sido impuestas por la educación, sin nacer de vosotros, y mantenéos fieles a las que sintáis como vuestras, ya que os definen como personas.
    • Sacad al niño que lleváis dentro. Todos lo tenemos, y si conocéis esa parte del otro os será más fácil entenderos y alcanzar acuerdos. Además, seguro que hay cosas de vuestra niñez que no queréis repetir y otras que tienen un valor emocional importante para vosotros, y es bueno que vuestra pareja sea consciente de ello.
      • Buscad acuerdos sobre temas esenciales. Como la seguridad del niño o su alimentación. Y revisadlos con cierta frecuencia, ya que el niño crece deprisa y en cada fase hay diferentes puntos de atención.

        Si os cuesta poneros de acuerdo porque vuestras visiones son muy opuestas, tomad como referencia el bienestar del niño. Y, en todo caso, si uno no termina de estar a gusto con lo acordado, hablad de nuevo hasta que os sintáis bien los dos; de lo contrario no funcionará.
        Eso sí, tened cuidado con los desacuerdos repetitivos: suelen esconder conflictos y resentimientos de pareja que necesitan ser solucionados. Si persisten, buscad ayuda.

        • Hablad en mensajes “yo”. Si le decimos al otro frases del tipo “Nunca acuestas a la niña a la hora correcta”, él se pondrá a la defensiva. Es mejor cambiarla por otra como: “Me preocupa que se acueste tarde, porque al día siguiente me es difícil lidiar con ella. Necesito que respetemos su necesidad de sueño”.
          • Clarificad el problema. A veces la cuestión no esconde un desacuerdo, sino necesidades distintas. Así, Clara siempre se queja de que su pareja no se ocupa suficientemente de los niños. Pero cuando habla queda patente que lo que en realidad quiere es más tiempo para ella misma. Mientras que el primer problema sólo tiene una solución, el segundo admite un tratamiento más flexible (recurrir a una canguro de vez en cuando, por ejemplo).
            • Pensad en el presente. Separad la situación actual de posibles vivencias traumáticas de vuestro pasado y pensad que con vuestra pareja empieza una nueva historia. Por ejemplo, alguien que de pequeño se sentía muy criticado, puede que ahora

              reaccione ante cualquier crítica con una rabia desproporcionada, que bloquee toda comunicación. Si es consciente de ello podrá reaccionar mejor.

              De cualquier modo, no olvidéis que al educar a vuestro hijo os une el inmenso amor que sentís por él y que estáis de acuerdo en lo fundamental: lo importante es su felicidad. Este deseo común será el que más os ayudará a superar cualquier obstáculo.

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