Niños pedigüeños

Cada vez que sales con tu hijo, quiere que le compres alguna cosa. No puedes complacer todos sus caprichos, pero sí enseñarle a encauzar sus deseos.

Muñecos, helados, dulces, ropa… A esta edad el niño no sabe racionalizar sus deseos: lo quiere todo y lo quiere ya. Esta actitud pedigüeña se intensifica durante las vacaciones, cuando las tentaciones a las que está sometido son mayores. Aunque es normal que los niños pidan y pidan, no lo es que los padres les concedan todos sus caprichos. Tenéis que enseñarle a valorar lo que tiene y poner límites a sus inagotables deseos.

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Aprender a pedir

A esta edad el niño está desarrollando el concepto de propiedad, y tiende a ser egoísta. Por eso puede que aún le dé una pataleta delante de un escaparate lleno de juguetes porque se le antoja comprar algo. No puedes ceder ante su enfado, pero tampoco le regañes: explícale que no es malo desear, pero que debe diferenciar entre necesidad y apetencia. Sigue estas pautas:

  1. Explícale cómo pedir. No permitas que utilice un tono exigente y amenazador. Dile que las cosas se piden por favor y acostúmbrale a dar las gracias.
  2. Enséñale a argumentar. Cuando pida algo, pregúntale por qué lo quiere. El niño recapacitará sobre la importancia de lo que quiere comprar.
  3. No le digas que no por sistema, sin pararte a pensar si merece un obsequio o si al final se lo vas a comprar. Pero si le dices que no, es que no. Mantén tu posición aunque se enfade o llore.
  4. Enséñale a valorar lo que tiene. Si llora por un juguete parecido a otro que ya tiene, recuérdale quién se lo regaló, cómo juega con él…
  5. Da ejemplo. Dile por qué tu pareja y tú no os guiais por el antojo : “papá quería este coche pero, como es caro, se ha comprado otro más pequeño”.

    El valor del dinero

    Tu hijo sabe que trabajáis para traer dinero a casa, pero todavía es pequeño para asociar dinero y esfuerzo. Tendréis que enseñarle que las cosas cuestan y que hay que esforzarse para conseguirlas. Por eso es bueno que le expliquéis qué representa el dinero y cuántas monedas cuestan las cosas (el pan, la leche...).

    Así aprenderá antes a realizar operaciones matemáticas, a ahorrar y a establecer un orden de prioridades. Puedes darle pequeñas cantidades en momentos puntuales, pero no pagarle o comprarle algo cada vez que se porta bien. Al fin y al cabo, su deber es ser obediente y bueno.

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    Son mejores las recompensas no materiales: “si terminas el puré, bajamos al parque” o “si ordenas tu habitación, prepararemos el pastel que tanto te gusta”. Resultan muy motivadoras para el niño, especialmente si implican la participación de los padres.
    Y no olvides el valor de un abrazo, una caricia o una palabra tierna como recompensa a sus esfuerzos: así evitaréis que se establezca una relación materialista entre vosotros y le ayudaréis a ser más generoso y solidario.

    Aún es pronto para darle la paga

    Tu hijo aún es demasiado pequeño para recibir una paga semanal. Es más conveniente que empieces a dársela a partir de los 7 u 8 años. Con 5 años, tu hijo está siempre con vosotros, con los abuelos o con sus cuidadores y no necesita tener dinero para gastos de manera continuada.

    Cuando llegue el momento y antes de establecer una cantidad, averiguad cuánto dinero reciben sus amigos y compañeros de colegio. Ten en cuenta que la paga también es un premio: el niño debe saber que se la tiene que ganar.

    Puedes asociarla a unas obligaciones fijas (hacer los deberes, recoger el cuarto, ordenar sus juguetes, poner la mesa…). Lo ideal es que la paga sea semanal, así aprenderá a organizarse, a ahorrar y a distribuir el dinero según sus necesidades. Déjale claro que tiene que durarle toda la semana y que debe ahorrar por si tiene un gasto extra.

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