Mi hijo tiene "papitis"

Muchos niños pasan por distintas fases, una de ellas a esta edad, en las que prefieren a uno de sus padres y rechazan al otro. ¿Por qué lo hacen? ¿Cómo debes actuar? 

Estás con tu hijo todo el día, le bañas y le das de comer, dedicas tiempo a los juegos y a las caricias… Pero en cuanto tu pareja aparece por la puerta, dejas de existir. Tiene que ser sólo papá (o mamá) quien le vista, bañe o consuele, y es frecuente que el progenitor excluido se sienta rechazado. No debes preocuparte ni sentirte mal por ello.

Muchos niños pasan por fases temporales en las que tienen preferencia por uno de sus padres y rechazan al otro.

Vínculos diferentes

Desde su nacimiento, incluso desde el vientre materno, el bebé siente apego por dos personas: su mamá y su papá. Aunque la relación con la madre es más estrecha gracias al contacto íntimo que supone el embarazo y la lactancia, la que se establece con el padre es muy importante (el bebé reconoce su voz nada más nacer). Le encanta y favorece su desarrollo emocional que haya dos personas que le quieran y con quienes puede establecer lazos afectivos.

El vínculo con cada progenitor es diferente y único y tiene que ver con la capacidad de la madre o del padre para percibir las necesidades del niño y satisfacerlas. También influye la personalidad y la madurez del hijo. Es habitual, por ejemplo, que el pequeño que hasta los 2 años ha dependido más de su madre, de repente a esta edad se decante por papá. Y es que cada progenitor le aporta experiencias distintas: papá suele jugar de un modo impulsivo y emocionante; mamá es más tierna y se adapta mejor a su desarrollo evolutivo. Esto enriquece mucho la vida del pequeño y hace que pase por fases de “mamitis” o “papitis”.

Reforzar la empatía

Sin embargo, la situación puede complicarse si los padres compiten por el cariño de su hijo, si uno de ellos invade el terreno del otro o si existe falta de empatía entre uno de los progenitores y el niño. Por ejemplo, si el pequeño es tímido y su padre es muy extrovertido, es posible que éste se impaciente y que  el niño se refugie en mamá si se muestra más comprensiva.

Es importante que el progenitor que entienda mejor al hijo sirva de puente para que el otro se acerque y aprenda a comprender a su pequeño. Si lo logra, el niño no tardará en darse cuenta y reclamará sus atenciones.

Si no eres el preferido de tu hijo, asume su rechazo como parte de la tarea de ser padres y consuélate pensando que estas preferencias son de carácter pasajero. Pronto repartirá sus afectos entre papá y mamá a partes iguales.

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