Enseña a tu hijo a calzarse

¿Debes insistir por enésima vez en calzarle aunque odie las zapatillas, o puedes dejar que ande descalzo en casa? ¿Es una buena o una mala costumbre? ¿No se constipará?

Tu hijo se descalza en cuanto entráis en casa? No es una rareza suya, sino un comportamiento común entre la mayoría de los niños pequeños (hay muchos que se descalzan también en la calle).

Y, en cierto modo, es natural: así se sienten más cómodos y tienen más libertad de movimientos.

Una manía “saludable”

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Salvo que el suelo de vuestra casa esté “helado”, no obligues a tu hijo a ponerse las zapatillas. Obsérvale los pies y comprobarás que los tiene recubiertos por una gruesa capa de grasa, que además de darles ese aspecto regordete tan gracioso, se los mantiene calientes. Por eso, no se constipará por ir descalzo (sólo si se moja los pies, ten cuidado de que no lo haga).

De todas maneras, si tu hijo es propenso a resfriarse y tú te quedas más tranquila, ponle unos calcetines antideslizantes. Le resultarán más cómodos que las zapatillas y es menos probable que se los quite.

Como puedes suponer, la concesión de andar descalzo en casa no es para darle un capricho ni para evitar que se enrabiete, sino porque este hábito resulta muy beneficioso para su desarrollo.

Éstas son las ventajas físicas:

  1. Hasta los 4 años, los niños tienen los pies planos y andar descalzos favorece la formación de su arco plantar.
  2. Mejora la capacidad de agarre de los dedos al suelo, lo que aumenta la seguridad de los pequeños al andar.
  3. Perfecciona su sentido del equilibrio.
  4. Sin zapatos, desaparecen los problemas de malos olores y de hongos.
  5. Andar descalzo facilita la circulación sanguínea de retorno.

    Y éstos los beneficios psicológicos:

    1. Al verse los pies, el pequeño se hace una idea más acertada de su cuerpo.
    2. Pasar de un cuarto cálido a otro más fresco, del suelo a una alfombra... son estímulos que incrementan sus conocimientos sobre el mundo que le rodea.

      La elección de sus zapatos

      Ya ves que no pasa nada porque tu hijo ande descalzo en casa, incluso es bueno que lo haga. Pero, claro, por la calle tiene que ir calzado, le guste o no.

      Para que se sienta cómodo con los zapatos y no tenga necesidad de quitárselos en plena calle, cómpraselos de calidad (los zapatos heredados, aunque estén casi nuevos, pueden alterar su modo natural de andar).

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      Y antes de decidirte por unos, comprueba que cumplen los requisitos aconsejadas por el Instituto Tecnológico del Calzado:

      • Están fabricados con materiales naturales, absorbentes y transpirables.
        • Tienen las puntas redondas o cuadradas, pero nunca afiladas.
          • La horma debe ajustarse bien al pie, sin llegar a oprimirle.
            • El contrafuerte (la parte del talón) debe sujetar bien el pie, pero sin ser excesivamente duro.
              • Las plantillas no deben tener ningún resalte, para que no molesten.
                • La suela tiene que ser flexible, relativamente blanda y antideslizante.
                  • El tacón debe ser rígido, con una altura de entre 8 y 15 milímetros.

                    Pero aún hay más. Para que tu hijo se sienta cómodo sin tener que descalzarse, ponle calcetines transpirables y cámbiaselos a diario, además de cortarle las uñas a menudo y en línea recta, para que no se le claven en el zapato.

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