Mi hijo no hace caca en el orinal

La mayoría de los pequeños aprenden a controlar los esfínteres entre el segundo y el tercer año de vida. Sin embargo, hay un escaso porcentaje de niños, varones casi siempre, que se niegan en rotundo a hacer caca en el orinal. ¿A qué se debe este comportamiento?

Carlos, de 3 años, controla el pis desde los 27 meses, pero presenta dificultades para hacer la caca donde debe. Si tiene ganas, se esconde detrás del sofá para hacerla. Su madre le recuerda a menudo que debe utilizar el orinal y él siempre le promete que va a intentarlo, pero a la hora de la verdad, vuelve a mancharse los pantalones. Elogiarle, prometerle premios, ignorarle... Son sistemas que no funcionan. Como tampoco dan resultado los castigos y las riñas, que generan ansiedad y sentimientos de culpa al niño y agravan su miedo y su dificultad.

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Para acabar con el problema de Carlos, sus padres intentaron encontrar la causa de su rechazo al orinal. Y descubrieron que tras él había un miedo atroz del niño a descomponerse, a perder una parte de su cuerpo. El pequeño no sabía que la caca es algo que debía soltar para seguir teniendo un buen estado de salud. Y enterarse de ello le tranquilizó mucho, pues le ayudó a desmontar su temor.

Buscando soluciones

Además de racionalizar lo que le pasaba, Carlos reaccionó estupendamente a un método muy aconsejado por los especialistas: ponerle el pañal de nuevo cada vez que le entraban ganas de hacer caca. Así el niño apenas notaba que algo se desprendía de su cuerpo y dejó de aguantarse las ganas y de hacer caca escondido en un rincón.

Si tu hijo tiene el mismo miedo que Carlos, prueba la solución del pañal y a medida que vaya sintiéndose más confiado, ve poniéndoselo más bajo. Con el tiempo, será lo mismo hacer la caca con el pañal casi a la altura de las rodillas que en el orinal, y le costará menos empezar a usar este accesorio.

Otra idea acertada es leerle cuentos que se refieran al tema. Por ejemplo, Adiós, cacas, adiós (Ed. Parenting, 8 E) y Ruby, ¿para qué sirve el orinal? (Ed. Timun Mas, 8,50 E). Tu hijo se identificará con el protagonista de la historia e irá comprendiendo que hacer caca en el sitio destinado a ello es un acto necesario y completamente normal.

También es recomendable que le dejes jugar con barro y plastilina. Estos materiales le ayudan a expresar sus temores. Modelando bolitas, que para él son sus propias cacas, y jugando con ellas, elaborará sus fantasías.

Situaciones especiales

Algunos niños empiezan a tener problemas para hacer caca a raíz de experiencias emocionales que les han impresionado mucho: un ingreso hospitalario, el divorcio de los padres, haber sufrido un accidente... En estos casos, la acumulación de sentimientos va paralela a la acumulación (o retención) de las heces.

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Para ayudar al niño a asimilar la situación que ha vivido, conviene ponerle el pañal de nuevo (retrocediendo a su etapa de bebé adquiere más seguridad) y dedicarle más tiempo (al sentirse querido gana fuerza para seguir adelante). En ocasiones hay que buscar la ayuda de un psicólogo infantil que le ayude a superar los conflictos emocionales que se esconden tras sus dificultades para hacer caca. Pero son casos excepcionales.

Lo habitual es que el pequeño aprenda a hacerla en el sitio adecuado gracias a la comprensión y a las tácticas utilizadas por los padres. Y este acontecimiento es digno de una celebración familiar.

Claves contra el círculo vicioso

Una de las posibles consecuencias de que el niño tenga miedo a hacer caca es que, al aguantarse las ganas, él mismo acabe provocándose estreñimiento. En este caso, además de dolor de tripa y gases, sus heces se volverán duras y como le dolerá el ano al intentar expulsarlas, las retendrá con más empeño todavía, metiéndose así en un círculo vicioso del que le costará mucho salir.

Además de volver a ponerle el pañal cuando le entren ganas de hacer caca, para evitar que la retenga, conviene darle una alimentación rica en fibra y procurar que beba mucho líquido, para ablandar las heces.

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