Ayuda a tu hijo a decidir

Hay pequeñas decisiones que los niños deben empezar a tomar a partir de los 4 o 5 años (sobre la ropa que se ponen, sus actividades...). Hacerlo es una manera de madurar y de descubrir que no pueden tenerlo todo.

Vuestro hijo ya tiene una personalidad lo bastante definida para demostrar sus gustos, exponer lo que le agrada y lo que no y optar por una posibilidad o por otra, sabiendo que se queda sin lo que rechaza.Dicho de otra manera, ya tiene capacidad para tomar pequeñas decisiones. Y es muy bueno que lo haga.

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No penséis por él

En algunas familias los padres tienen la costumbre de decidir siempre por su hijo. Por ejemplo, en un restaurante, en vez de preguntarle qué prefiere comer, no le dan opción y piden al camarero directamente “un filete con patatas fritas para el niño”, sin saber si al pequeño, en esa ocasión, le apetece más un pescado.

Esto es nocivo para los niños porque sin darse cuenta se hacen demasiado dependientes de los adultos con los que conviven y porque, al ver que no cuentan con ellos para nada, dejan de proponer iniciativas y se convierten en seres cada vez más pasivos, algo que, si no se remedia, puede prolongarse hasta la vida adulta.

Como veis, es muy importante que animéis a vuestro hijo a exponer sus opiniones (sobre el color de su ropa, la fruta que quiere tomar, cómo le apetece decorar su habitación...) y a participar activamente en algunas cuestiones familiares (¿celebramos el cumple de papá en casa o en una terracita de verano?). Si es posible, respetad su elección. Y si no, que al menos vea que la habéis tenido en cuenta, antes de tomar vuestra decisión final.

Echadle una mano

Pero todos sabemos que decidir no es fácil. Por eso, para que vuestro hijo no se eternice cada vez que tiene que elegir, o para que su elección no sea descabellada, tenéis que limitar las posibilidades entre las que puede optar a dos o tres como mucho. Por ejemplo, si vais a salir a la calle, preguntadle: “¿Qué sandalias quieres ponerte, las azules o las rojas?”. Para no discutir con él, desechad previamente las opciones que no son oportunas (las botas de montaña, los zapatos del colegio...).

Y hay otras pautas que podéis seguir:

  1. Dadle un margen de tiempo razonable. Una cosa es que no tarde mucho en decidirse y otra muy diferente que le atosiguéis para que lo haga enseguida (si se aturde, tardará más).
  2. Evitad convertir esas indicaciones que no dan lugar a opción (“tienes que comer la fruta”), en preguntas retóricas (“¿quieres comer la fruta?”). Si lo hacéis, se creerá con derecho a opinar en asuntos que no son discutibles.
  3. Tampoco debéis hacerle preguntas en abstracto, como “¿qué te gustaría que hiciéramos esta mañana?”, porque puede daros respuestas imposibles o inaplicables en ese día. Debéis plantearle dos o tres opciones concretas que estén dentro de lo posible.
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    Si le dejáis tomar pequeñas decisiones y le demostráis que en esas ocasiones respetáis su opinión, también os será más fácil “razonar” con él cuando se empeñe en hacer algo que no debe, como quedarse viendo los dibujos en vez de ir a comer a casa de la abuela. 

    Explicadle por qué es mejor la opción que habéis elegido vosotros y le costará menos ceder en esa cuestión.

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