Qué debemos hacer ante las preguntas de los niños

Sigue las siguientes reglas de oro para responder bien a las preguntas de tu hijo.

Escúchale

Aunque sus cuestiones te parezcan tonterías (“¿por qué la nieve está fría?”, “¿cuántos años tiene el caracol?”), para él son fundamentales.

Por eso, cuando te las plantee, es importante que se sienta atendido y escuchado. Y esto significa que no debes decirle “porque sí” o “porque no” sin más, sino que tienes que hablarle mirándole a los ojos, dejando a un lado lo que estés haciendo y dedicándole unos minutos sólo para él.

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Pero ten cuidado, tampoco confieras a sus dudas más relevancia de la que él mismo les da: sus preguntas naturales y espontáneas deben ser respondidas de la misma manera, con naturalidad y espontaneidad.

Respóndele siempre

Procura no condenar su curiosidad ni escandalizarte, aunque sus preguntas sean de lo más comprometidas (“¿qué hicisteis papá y tú para tenerme?”) o inapropiadas para su edad (“¿qué es la regla?”), para que comprenda que es bueno preguntar y compruebe que siempre que le surja una duda puede recurrir a ti.

Si te pilla en un mal momento, dile que espere un ratito viendo un cuento y que enseguida estarás con él para explicarle lo que necesite.

Cuéntale la verdad

Adaptando tu respuesta a su nivel de comprensión, tu pequeño puede entender que el mundo es así y que las cosas son como son. Si le mientes, cuando descubra la verdad se sentirá engañado y esto puede mermar su confianza en ti.

Busca respuestas con él

Si alguna vez no sabes contestar a lo que te pregunta, díselo sin temor a defraudarle, pero en lugar de quedaros con la incógnita, invítale a buscar juntos las respuestas en un atlas, en internet...

Así le demuestras que no eres omnisciente, lo que le ayudará a verte más humana/o y a sentirse más cerca de ti. Y también le enseñas a resolver las dificultades.

Limítate a lo que quiere saber

No te adelantes a lo que te cuestionará dentro de un tiempo, porque no te comprenderá.

En más de una ocasión te sorprenderá lo fácil que puede ser saciar su curiosidad. Lo importante es que te percates de qué es lo que quiere saber y, sobre todo, por qué lo ha preguntado. Por eso, a veces también conviene preguntarle a él por su opinión.

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Huye de los eufemismos

Nada de que los muertos están dormidos, ni de que a los niños los trae la cigüeña o vienen de París. Los muertos, por desgracia, no vuelven nunca más.

Y en el tema del sexo hay explicaciones más ajustadas a la realidad, que él puede comprender bien. Esto no quiere decir que cuando tu pequeño te pregunte sobre temas delicados, tengas que darle una explicación fisiológica, teológica o técnica acerca del asunto.

Lo realmente importante es que comprenda el sentido de las cosas: habla a tu pequeño de igualdad cuando te pregunte acerca de las diferencias económicas y raciales, de amor cuando se interese por las relaciones sexuales, de libertad cuando quiera saber qué es el divorcio...

Evita las contradicciones

Es fundamental que os pongáis de acuerdo en cómo vais a contestar a vuestro pequeño y en lo que vais a contarle exactamente, para evitar darle informaciones contradictorias.

Y en cuanto a quién debe responderle, lo mejor es que lo haga aquel al que el pequeño ha preguntado, aunque esto depende también de cómo os sintáis vosotros. Ante preguntas espinosas, es preferible que le conteste el que mejor sepa hacerlo, en presencia del otro.

Y si alguna vez sus cuestiones ponen en entredicho la maravillosa imagen que vuestro hijo tiene de vosotros (“¿por qué fumas, si es malo?”), no tardéis en explicarle que no sois perfectos y que vosotros, como él, también tenéis que intentar modificar algunas malas costumbres. Así comprobará que le habláis de igual a igual y se sentirá plenamente satisfecho con vuestras respuestas.

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