Tu hija cada día más coqueta

Descubre cómo debemos reaccionar con las niñas cuando usan nuestros maquillajes o insisten en pintarse las uñas.

Es habitual y totalmente normal que el niño/a de entre tres y cinco años se enamore de su progenitor del sexo contrario. El niño quiere casarse con su madre y la niña, con su padre. Son los llamados, respectivamente, complejo de Edipo y de Electra.

El niño rivaliza con el papá para acaparar la atención de la madre. Pero en unos meses acaba aceptando que sus deseos son irreales, ya que su madre está casada con su padre, y la verdad es que esto le alivia, porque lo que en el fondo desea es que su madre continúe siendo eso, su madre.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Así aprende a dominar sus deseos y opta por identificarse con su padre, para contar con la aceptación materna.

La niña vive un proceso similar, aunque al contrario: se enamora de su padre y rivaliza con su madre. Busca la manera de acaparar la atención paterna, intentando ser tan guapa y atractiva como su madre. Por eso se indentifica con su mamá y hace lo posible por imitarla.

Un juego muy beneficioso

Es normal que las niñas de esta edad disfruten jugando a vestirse como señoritas, maquillándose y poniéndose joyas. Conviene que facilites a tu hija la práctica de este juego de imitación (proporciónale objetos y prendas de hombre y de mujer, verás cómo va eligiendo), porque le aporta muchas ventajas:

  • La ayuda a identificarse con su condición femenina. Y esto incluso aunque se vista de pirata, porque ella misma comprobará que se siente más a gusto disfrazada de princesa.
  • Le enseña a ponerse en el lugar de los demás y a pensar en ellos.
  • Favorece su comprensión del mundo adulto, que le atrae muchísimo.
  • Perfecciona su destreza manual y mejora su autonomía, lo que le permitirá vestirse sin ayuda.
  • Desarrolla mucho su creatividad.

    En el momento de salir a la calle, hay niñas que se decantan por los vestidos de volantes y los adornos en el pelo, mientras que otras prefieren los pantalones y las prendas cómodas, tipo chándal.

    Sus elecciones dependen, por un lado, de su carácter, pero también, en gran medida, del gusto que tenga su madre, porque ella es su principal ejemplo a imitar.

    Observa a tu pequeña y comprobarás que, salvando las distancias, su manera de arreglarse tiene mucho que ver con la tuya.

    Se arregla porque os quiere

    Hay otro punto de ese afán que tiene tu hija de cuidar su aspecto físico que te sorprenderá gratamente. Y es que lo que la empuja a ponerse joyas y pendientes y los vestidos más bonitos que encuentra no es el deseo de ser la más guapa de sus amigas, sino el amor que siente por su padre y por ti.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo

    Y es que así, cuidándose por fuera, establece un vínculo muy positivo con vosotros dos: contigo, porque ya no te considera como una rival, que le robas el cariño de su papá, sino como el ideal de mujer al que imitar.

    Y con su padre, porque deja de verle como un intruso que le quita tu atención, para pasar a considerarle un ser perfecto, que se convierte en su modelo ideal de hombre. Tanto es así, que existen muchas posibilidades de que cuando se haga mayor se enamore de un chico que, en alguna faceta, le recuerde a su padre.

    No te preocupes demasiado por esta manía obsesiva que tiene tu pequeña de maquillarse y arreglarse tanto, porque en cuanto acepte su posición de hija en vuestra familia, y empiece a fijarse en tu comportamiento más que en tu aspecto, desaparecerá.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo