¿Es bueno que vean la televisión los niños?

La televisión puede influir de una manera positiva en los niños si controlamos lo que ven, el tiempo que pasan delante de ella... Y algunos detalles más.

Según los estudios del sociólogo estadounidense J. Nielsen, los niños de entre tres y cinco años pasan delante de la televisión tres horas y media diarias. Estos datos coinciden con los realizados en Europa.

Cuando estos niños lleguen a los 70 años, ¡habrán pasado siete delante de la pantalla! Son cifras alarmantes porque ver la televisión en exceso, al ser una actividad pasiva, favorece el aislamiento y la obesidad, fomenta el consumismo, dificulta el desarrollo lingüístico, incita a la violencia, altera el sueño...

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Pautas a tener en cuenta

Por eso debes tener presentes estas pautas, para que ver la televisión, en vez de perjudicar a tu hijo, le favorezca. Y es que, si haces un buen uso de ella, la tele puede mejorar su memoria, despertar su interés por viajar, fomentar su capacidad de observación...

  • No la tengas siempre puesta. Tu pequeño debe aprender a entretenerse sin la tele, y aunque te parezca que no le presta atención, percibe sus sonidos y sus imágenes de forma inconsciente, lo que influye en su estado de ánimo. Enciéndela sólo cuando pongan un programa que pueda divertirle o enseñarle.
  • No la utilices como una forma cómoda de entretenerle. Ofrécele alternativas más creativas, aunque requieran de tu participación, como “leer” cuentos, hacer figuritas de plastilina, pintar en su pizarra, inventarse historias y juegos...
  • No le dejes verla más de media hora seguida. Pasado este tiempo, el cerebro entra en la fase que precede al sueño y los niños se quedan en un estado similar al hipnótico (no parpadean ni contestan cuando les llamamos). De todos modos, procura que no la vea más de una hora diaria y que haya días en los que ni se acuerde de ella.
  • Acomódale bien. A más de metro y medio de distancia de la pantalla, con la luz del cuarto encendida y con el volumen del televisor a un tono normal.
  • Acompáñale mientras la ve. Así podrás explicarle lo que no entienda. Sin la compañía de un adulto, el efecto educativo de los programas infantiles es mucho menor. Y aumenta el riesgo de que reciba imágenes o ideas inapropiadas.
  • Acostúmbrale a comer sin la tele. Los niños que comen con sus padres sin ver la tele y dialogando con ellos tienen una autoestima más alta que los pequeños cuyos padres no siguen esta costumbre. Compartir este ratito de charla les transmite la agradable sensación de formar parte importante de una familia que les quiere, lo que les proporciona confianza y seguridad. Además, comer viendo la tele (o, lo que es igual, sin darnos cuenta) es uno de los hábitos que más favorecen la obesidad.
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    No se la pongas poco antes de acostarle. Ver la televisión antes de dormir desvela a los pequeños (por la rapidez secuencial de las imágenes, el color, el sonido...) y propicia que tengan un sueño más inquieto y menos reparador.

    Vuestro ejemplo es básico

    Además de todo lo que hemos dicho hasta ahora, el ejemplo que déis tu pareja y tú a vuestro hijo es fundamental. Si sólo véis la televisión cuando ponen algo que realmente os interesa, el pequeño aprenderá a utilizarla bien y seguirá usándola así cuando sea adulto, ya que los expertos dicen que los hábitos televisivos se instauran durante los cinco primeros años de vida.

    Otro aspecto que tenéis que recordar es que nunca debéis utilizarla ni para premiarle ni para castigarle. Si lo hacéis, concederéis a la televisión mucha más importancia de la que tiene, vuestro pequeño acabará convirtiéndola en un objeto de culto y le resultará mucho más difícil prescindir de ella.

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