Las pautas para explicar a un niño que se ha muerto su mascota

Es natural y comprensible que al pequeño le cueste asimilar la muerte de su animalito. Debemos ayudarle a aceptarla con cariño, paciencia y unas dosis de psicología.

ayudar al niño cuando se muere el perro o mascota
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Nunca estamos preparados para hablar de la muerte a los niños. Los padres deseamos proteger a nuestros hijos de experiencias dolorosas, pero, naturalmente, esto no siempre es posible. Para muchos niños, su primera experiencia real de una pérdida ocurre cuando se muere la mascota de la familia, ya sea un perro, gato, cobaya...

Hay que ser claros y sinceros

El momento más duro, sin duda, es decir al niño que su perro, su conejo o su tortuga no van a volver. Aunque la verdad sea triste, debemos contársela con claridad, para no confundirle. Los niños asumen mejor estas experiencias cuando se les dan explicaciones sinceras, adaptadas a su nivel de comprensión, y se les permite expresar su dolor.

Ante este hecho el niño puede mostrar tristeza, ira, negación, culpabilidad o temor. Incluso es posible que se ponga celoso de otros niños que aún tienen a sus animales. También puede expresar su dolor a través de alteraciones en el sueño o en el apetito, aferrarse en exceso a las personas más queridas, mojar la cama, tener pesadillas y volverse muy desobediente. Son manifestaciones que el pequeño superará a base de tiempo, paciencia y cariño.

Algunos padres cuentan “mentiras piadosas” a sus hijos y les dicen que su mascota fallecida “está durmiendo”. A pesar de su buena intención, esto es contraproducente, ya que irse a dormir puede convertirse en algo amenazador que les produzca miedo. Por otro lado, una actitud de espera o de evadir la verdad, diciéndoles por ejemplo que su perrito se ha marchado de viaje o que está en un hospital de animales, no hará más que aumentar el dolor.

Los niños de entre tres y cinco años ven la muerte como algo temporal y potencialmente reversible. Por ello conviene explicarles que cuando un ser vivo muere, deja de moverse, no oye ni ve y no vuelve a despertarse. Tratar de protegerlos con explicaciones inexactas puede crearles ansiedad y desconfianza.

Los niños a menudo hacen preguntas sobre la muerte de su animalito: por qué se ha muerto, si va a volver algún día, a dónde se ha ido... Hay que contestar a todas y cada una de sus cuestiones, aunque nos resulte doloroso, y demostrar a los pequeños que compartimos su sentimiento de pena.

¿Tenemos otro perro?

No es aconsejable reemplazar al animal muerto enseguida: el niño debe pasar triste unos cuantos días; es normal que eche de menos a su perro, a su gato... y que se aflija al pensar que ya no va a volver a disfrutar de su compañía. Necesita un tiempo para “elaborar” la pérdida. Si durante este proceso se siente comprendido, acompañado, protegido y apoyado, irá encontrando la forma de enfrentarse sana y positivamente a su dolor y de aceptar la despedida.

En cualquier caso, ten en cuenta que él mismo dirá cuándo se encuentra con ganas para comenzar a crear otra relación de cariño duradero e incondicional con una nueva mascota.

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