Niños con fobia a mancharse

Lo habitual es que los niños no se preocupen de si se manchan o no, pero hay algunos que lo pasan fatal al verse sucios. ¿De qué modo podemos hacerles entender que ensuciarse no es una catástrofe?

Hay niños a los que no les gusta ensuciarse y en cuanto se notan las manos un poco sucias van corriendo a sus padres para que se las limpien. Incluso a veces huyen de juegos y actividades que les gustaría hacer con tal de no mancharse (modelar la arena, por ejemplo).

¿Qué le ocurre?

Existen varios motivos por los que un niño puede adoptar esta actitud:

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  • Porque odia la sensación de estar pringoso o pegajoso.
    • Porque piensa que sus padres le van a regañar si se mancha.
      • Porque es demasiado responsable y no puede permitirse "ir sucio".

        En cualquier caso, sea cual sea el motivo por el que el niño actúa así, debemos intentar impedir dos cosas: que su exceso de cuidado por mantenerse limpio se convierta en una obsesión por la limpieza y que deje de aprender y de disfrutar de sus juegos por miedo a mancharse.

        Evitar que se angustie

        Si a tu hijo le espanta mancharse, debes hablar con él para concretar su miedo y actuar en consecuencia.

        • Si le da asco sentirse sucio, conviene que le facilites un acercamiento gradual a la suciedad. Es decir, que en vez de animarle a saltar en un charco y que se ponga perdido de los pies a la cabeza, le animes a exponerse a cosas que manchan, pero sólo un poco (acuarelas, por ejemplo).
          • Si teme que le riñas por mancharse, cambia tu manera de reaccionar ante la suciedad: ríete si te enseña un lamparón en la camiseta, no te pongas nerviosa si te manchas con la comida... Tu peque verá que la suciedad deja de preocuparte y perderá su miedo a que le regañes o te enfades por no ir de punta en blanco.
            • Si su rechazo a lo sucio se debe a que es demasiado perfeccionista, intenta quitarle este exceso de carga de encima, explicándole que explorar, tocar las cosas y aprender de ellas son experiencias tan maravillosas que no merece la pena perdérselas por no mancharse. Hazle caer en la cuenta de que la suciedad se va con un baño o poniendo la lavadora, mientras que las buenas vivencias y los aprendizajes perduran en su interior.

              También es acertado que de vez en cuando realices con él alguna actividad productiva en cuya elaboración tengáis que mancharos, como preparar una deliciosa tarta casera o colocar plantas en un macetero. Así entenderá que mancharse no es una cosa terrible, sino algo normal y a veces incluso necesario para poder conseguir un buen resultado.

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              Sólo en el caso de que su temor por ensuciarse le impida llevar una vida normal en casa, con sus amigos o en el colegio, deberás llevarle a un psicólogo infantil. Pero lo más probable es que no sea necesario.

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