Causas que motivan las pesadillas infantiles

Más de un tercio de los niños de esta edad tienen pesadillas. Saber por qué se producen y cómo debemos tratar al pequeño cuando se despierta llorando son las claves para lograr erradicarlas.

A esta edad, la creciente autonomía del pequeño le lleva a enfrentarse a experiencias y situaciones que no siempre logra asimilar. Como aún no conoce el peligro, es habitual que sufra percances que le conectan con su propia vulnerabilidad y le hacen sentirse inseguro.

A esto se suman el temor a la separación y al abandono (propios de esta edad) y su tremenda imaginación, que le lleva a confundir la fantasía y la realidad. Todas estas vivencias que no puede digerir por el día se transforman en pesadillas por la noche.

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Estos malos sueños se producen en las primeras horas de descanso, en la fase ligera del sueño (REM), que se caracteriza por el rápido movimiento de los ojos (Rapid Eye Movement).

Necesita tu consuelo

Cuando tu hijo tenga una pesadilla, ve rápido a su cuarto, abrázale o dale la mano y mientras le acaricias, explícale que no pasa nada. Dale agua (beber tranquiliza) y quédate con él hasta que se calme.

Si quiere contarte la pesadilla, escúchale y ayúdale a inventar un final feliz para que se quede más a gusto. No intentes quitar importancia al asunto, porque sentiría que no le comprendes y esto empeoraría las cosas.

Cuando salgas de su dormitorio no cierres la puerta y deja dada la luz del pasillo, para que se sienta "protegido". Si el pequeño se niega a quedarse solo o la pesadilla se repite esa misma noche, échate con él hasta que se duerma y no te agobies pensando que se va a acostumbrar a dormir contigo, porque no le va a dar tiempo: los malos sueños suelen ser pasajeros y remiten, como mucho, en un par de semanas.

Medidas preventivas

En las pesadillas de los niños suelen aparecer monstruos y personajes diabólicos que evidencian la influencia de la televisión en su vida. Por eso una medida básica para evitar que tu hijo tenga pesadillas es vigilar lo que ve en la tele y no sentarle frente a ella poco antes de acostarle, porque el simple movimiento de los dibujos basta para excitarle y alterar su descanso.

Otro aspecto importante es que no le amenaces con cosas que le asusten y que no permitas que los niños mayores jueguen a esconderse y dejarle solo ni que le cuenten historias que puedan sobrecogerle.

Además, procura que en su día a día haya ratitos de tranquilidad, no solamente actividades movidas, evita las riñas a última hora de la tarde y sigue las mismas rutinas cada noche al acostarle. Todo ello le aportará la sensación de seguridad que necesita para tener un sueño más tranquilo y dormir (y dejarte dormir) de un tirón.

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