Consigue que tu hijo duerma más

Tu hijo es pura actividad. Todo le interesa, todo le entusiasma y no se cansa de jugar y explorar. Por eso ahora duerme peor. Averigua qué puedes hacer para que su sueño sea más reparador, prolongado y tranquilo.

El sueño es imprescindible en el desarrollo y la maduración del niño.

Lógicamente, a medida que el pequeño crece, su necesidad de dormir es menor. Así, mientras que el recién nacido pasa gran parte del día durmiendo (entre 16 y 18 horas), el niño de dos años tiene suficiente con dormir 10 o 12 horas nocturnas, además de una siesta de una o dos horas.

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¿Tu hijo duerme menos de lo aconsejado para su edad? Puede que no necesite descansar más, pero si le notas ojeroso, cansado, inapetente, nervioso, malhumorado y más llorón de lo habitual, intenta averiguar la causa de su dificultad para dormir y remédiala. La falta de sueño produce irritabilidad, problemas de salud y conducta, hiperactividad, dificultades de crecimiento y un menor rendimiento intelectual.

Por qué duerme mal

Afortunadamente, en la franja de edad de tu hijo los problemas para dormir suelen ser esporádicos.

  • No quiere irse a la cama. Es normal: se va a quedar solo en su cuarto, a oscuras y sin poder jugar. Y además, a todos los niños les cuesta cambiar de actividad y si le dices “¡a la cama!” cuando se siente tan feliz jugando, es totalmente lógico que proteste. Por esta razón conviene que le vayas avisando, unos 10 minutos antes, de que llega la hora de descansar.
  • Se desvela. Puede estar pasando por una situación difícil (una mudanza, un nuevo hermano...). Recibir una ración extra de cariño en esos momentos tan duros para él le reconfortará y, al estar más sereno, conciliará antes el sueño. También es importante que se vaya a la cama relajado. Un rato antes de acostarle, sustituye sus actividades moviditas por cuentos y construcciones. Y si le has reñido, dale un beso fuerte en son de paz. Así los dos dormiréis mejor.
  • Le asustan la soledad y la oscuridad. Deja entre sus sábanas una prenda tuya, impregnada con tu olor, para que sienta que de algún modo le acompañas. Y para que no se quede totalmente a oscuras, deja dada la luz del pasillo.
  • Tiene pesadillas. Se deben a que le cuesta asimilar el cúmulo de experiencias que vive durante el día. Cuando te llame llorando o gritando, ve inmediatamente a su habitación, consuélale con frases como “ya pasó, ya pasó”, dale agua (beber tranquiliza) y quédate con él hasta que se calme.
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    Horario fijo y rutinas estables

    Para que tu pequeño duerma más y mejor debes ventilar su cuarto unos minutos antes de llevarle allí, además de recogerlo un poco (el desorden le excita).

    También es esencial que establezcas un horario fijo y unas rutinas regulares para acostarle: báñale, dale la cena, léele un cuento... Este ratito de afectividad le proporciona la seguridad que necesita para poder dormirse solo. Y es que no debes dormir a tu hijo, sino dejar que se duerma solo. Si lo haces tú, cuando se despierte te reclamará, mientras que si le habitúas a dormirse solo, cuando se despierte volverá a conciliar el sueño sin llamarte.

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