Mi hijo nunca nos cuenta nada del cole

Algunos niños no son muy habladores. A la pregunta “¿qué tal te ha ido hoy en el colegio?”, siempre responden con un escueto “bien”. ¿Hay algo extraño detrás de su conducta?

Que un niño no cuente mucho de lo que hace fuera de su casa no denota necesariamente que tenga un problema. En un niño introvertido, es una característica normal de su forma de ser. Y en algunos niños que se están adaptando a una vida independiente del entorno familiar, también. Lo que viven fuera de su hogar forma parte de su intimidad y no sienten necesidad de contarlo en casa.

Además, precisan un tiempo para cambiar de un ambiente a otro y por eso, si cuentan algo, no lo hacen en cuanto entran por la puerta, sino después, durante el paseo, el baño o la cena.

En ambos casos debemos respetar su privacidad. Por eso no hay que insistir una y otra vez para que nos cuenten sus cosas. La iniciativa para hablar debe surgir de ellos.

Cuándo preocuparse

En principio, si tu hijo no suele contarte sus cosas, no tienes por qué preocuparte. Por el contrario, hay situaciones que sí requieren una atención especial por parte de los padres.

  • Problemas en el colegio. El niño siempre ha sido abierto, pero de repente deja de contar sus experiencias fuera de casa y si le preguntamos por ellas, se muestra reticente. Esto suele ser un indicio de que le ha ocurrido algo doloroso. Puede tratarse de un episodio desagradable con su maestra, de una riña con un compañero, de dificultades para integrarse... En este caso conviene pedir cita con la tutora y observar la actitud del pequeño con atención. Lo normal es que su inesperado mutismo vaya acompañado de otras “señales”: sueño intranquilo, inapetencia, hombros caídos, mirada triste...
  • No se siente aceptado en casa. Un ejemplo: Pablo (cinco años) dejó de comentar cosas porque cuando lo hacía, su hermano mayor se reía de él. Afortunadamente, los padres se percataron de la situación y decidieron que los dos niños tendrían un tiempo para hablar y que quedaba prohibido criticarse. Pablo recuperó enseguida su conducta habitual y volvió a compartir sus vivencias en casa.
  • No se siente comprendido. Otro ejemplo: Isabel, de casi seis años, quiere contar a su madre que dos niños de su clase se han pegado. Está muy asustada. La madre, en vez de consolarla, la atosiga con preguntas como quién empezó la pelea, qué hizo la tutora... Y la niña rompe en lloros porque ni sabe dar a su madre los detalles que ésta le pide, ni sabe comunicarle sus sentimientos. Y es que para que los niños sientan que les comprendemos, hay que sintonizar con lo que quieren transmitirnos.

    Aceptarle tal y como es

    Si los padres intentamos controlar la vida que hacen nuestros hijos fuera de casa, haciéndoles mil preguntas, es casi seguro que los pequeños se meterán aún más en sí mismos, con el fin de mantener esa distancia que les resulta imprescindible para sentirse bien.

    Por el contrario, si aceptamos su carácter reservado y el hecho de que vayan creciendo y necesiten cierta privacidad, se sentirán cómodos en su entorno, con su familia y con ellos mismos, lo que les animará a compartir más sus vivencias

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