Cultiva sus dones naturales

Con un poquito de tu parte, puedes ayudar a tu hijo a desarrollar sus dones naturales. Te sugerimos algunas actividades sencillas que estimularán su creatividad. No harás de él un Picasso, pero será divertido para los dos y evitarás que se aburra.

Tú le conoces mejor que nadie, sabes cómo es su carácter (extrovertido, tímido, temeroso, osado...) y también sabes qué cualidades innatas posee.

Si le gusta moverse, proponle bailar, hacer mimo e incluso pasear con una cámara de fotos (desde los tres años).

Si es de los tranquilones, no le sientes ante el vídeo, pon a su disposición papeles de todo tipo, pintura de dedos, ceras, pasta para modelar o bloques de construcción.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Si le sorprenden los sonidos, como las sirenas o los ruidos de la calle, hazle escuchar música variada, canta con él y ayúdale a crear “música” con cacerolas, con vasos o simplemente con sus manos.

Si es hábil con el lápiz, ponle a dibujar o a seguir un trazo marcado con puntos, será un buen ejercicio de preparación para la escritura cuando vaya al cole. Sea cual sea su don, lo importante es que él se sienta valorado y admirado para que gane confianza en sí mismo.

Tu ejemplo vale mucho

Los niños no son creativos porque sí. Funcionan por mimetismo y las personas a quiene ellos más imitan son los padres. Para estimular su expresividad, comienza tú a contar una historia y gesticula, actúa y anima la situación. Si el héroe se duerme y ronca, haz el ruido; si tiene frío o miedo, castañetea los dientes y haz gestos de frío; sonríe como lo haría la princesa, etc. Cada cosa que le cuentes, manifiéstala con toda la mímica que puedas y observa sus reacciones y sus gestos. Estará grabando todo lo que haces y la próxima vez él lo repetirá.

Desarrolla su imaginación

Contrariamente a lo que se piensa, los niños no tienen una imaginación desbordante. Así que no esperes que de buenas a primeras te cuente historias interesantes. Para ayudarle en la narrativa, no le digas: “Venga, cuéntanos un chiste o algo divertido”. Probablemente te diga que no. Es más productivo observar con qué está jugando y tentarle con una pregunta: “¿Qué le dices a tu osito? ¿Y él qué te contesta?” o “Mira el gato de la vecina. ¿Qué crees que estará pensando?”. Cuando empiece, anímale a hablar de lo que conoce bien, como los compañeros de la guardería, los dibujos animados, la familia... Puede suceder que tenga necesidad de contar o de escuchar siempre la misma historia. Déjale, también es una forma de creatividad.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Pon un nombre a lo que siente

Los niños pequeños pasan de la risa al llanto y de la cólera a la calma con mucha facilidad. En estos cambios de humor hay que aprovechar para pedirles que expresen con palabras y con gestos cómo se sienten. Ejemplo: Si está enfadado, dile que te indique con los brazos cómo es de grande su enfado, de qué color lo pintaría o si su rabieta es como la de un león. Explicar cosas sobre uno mismo es interesante sólo si los otros pueden entender tu estado.

Publicidad - Sigue leyendo debajo