Vaivén de sentimientos

A esta edad el niño está aprendiendo las emociones más básicas: el enfado, la alegría, la frustración... Aún no sabe controlar ni suavizar sus sentimientos y emociones y es muy vulnerable al estado anímico de los demás: si los ve reír, se ríe, y si los ve tristes o enfadados, no tarda en ponerse a hacer “pucheros”.

Las emociones de un niño de dos años son muy fuertes y extremadas: o se ríe a carcajadas o llora a gritos, enrabietado. Ello se debe a que aún no domina sus emociones y a que no dispone del raciocinio suficiente como para suavizarlas.

O el más feliz o el más triste

Para él no hay matices: todo es blanco o negro. Por eso una sorpresa agradable, por insignificante que sea (unos cromos), le hace sentirse el niño más feliz de la Tierra, y cualquier pequeña frustración (que no le dejen comer más chuches) hace que se coja una rabieta.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Es lógico que te extrañen esas reacciones radicales de tu hijo, pero piensa que él aún no domina un medio tan útil para expresarse como el que tienes tú, la palabra, y sólo puede desahogarse mediante el lenguaje corporal: a patadas y a gritos o con besos y abrazos.

A esta forma de sentir tan vehemente y a su incapacidad para expresarse de una manera racional, se une el hecho de que aún tiene una memoria muy corta. Por eso pasa de reírse a llorar y viceversa en cuestión de segundos.

Su vaivén emocional también se explica porque todavía no distingue bien sus sentimientos de los de los demás. Por eso es tan vulnerable a lo que sienten los otros. Te será fácil comprobarlo con tu pequeño: si estás desanimada, tu hijo lo notará enseguida y muy probablemente, en un momento de calma, te dará un abrazo o un beso para consolarte, porque eso es lo que haces tú cuando es él quien se siente mal. Y si estás sonriente y contenta, él también se reirá. De hecho, los sociólogos aseguran que las madres optimistas suelen tener hijos más resueltos y alegres.

Obsérvale cuando esté con otros niños. Pronto te darás cuenta de que hace suyo el estado de ánimo que impera entre los pequeños, o las ganas de emprender una actividad, o la necesidad de beber agua... Es lo que los psicólogos llamamos “contagio emotivo”.

¿Una epidemia emocional?

Esta epidemia emocional puede provocar situaciones difíciles para los adultos (todos los niños invitados a una fiesta necesitan ir al baño a la vez), pero en el fondo es muy positiva porque...

  • Indica que los pequeños tienen deseos de participar en lo que hacen los demás, lo que les hará más sociables.
  • Demuestra que tienen ganas de imitar, lo que les ayudará a aprender.
  • Denota que no “pasan” de lo que les ocurre a los otros, lo que es una muestra de inteligencia emocional.
    Publicidad - Sigue leyendo debajo

    Según numerosos estudios, el contagio de sentimientos entre hermanos es aún mayor que entre los niños de la guardería o los compañeros del parque infantil. Aprovéchate de ello si tienes un hijo mayor: sugiérele que entretenga o consuele a su hermanito cada vez que éste se aburra o llore, te sorprenderá lo poco que tarda en hacer partícipe de su buen humor al benjamín de la familia.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo