Pros y contras de dormir en la cama con papá y mamá

Algunos padres resaltan las ventajas de este hábito, mientras que otros se fijan más en los inconvenientes. Según los psicólogos es preferible que el niño se acostumbre a dormir en su habitación, ya que esto potencia su desarrollo emocional.

La hora de ir a dormir representa para los niños decir adiós a muchas cosas: a sus padres, a sus hermanos, a sus juguetes y a todos los estímulos de un largo día. Supone un cambio (dejar la actividad y comenzar el descanso) y los niños son muy reacios a cambiar. Esto aumenta el atractivo que tiene para ellos dormir con sus papás: su compañía les aporta una agradable sensación de continuidad y seguridad y el cálido contacto corporal que tanto les gusta.

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También para los padres este momento supone una separación. Muchos se sienten culpables por no pasar demasiado tiempo con sus hijos durante el día, por eso les cuesta poner límites a la hora de dormir. Así, cuando ven que el niño protesta por no querer acostarse o que insiste en dormir con ellos, el sentimiento de culpa que les invade les lleva a dejarle dormir a su lado. Además, a ellos también les resulta gratificante poder disfrutar de ese rato de cercanía física con su pequeño.

Pero a pesar de estas ventajas inmediatas, que el niño duerma con los padres conlleva numerosos inconvenientes que no debemos pasar por alto.

No es una buena costumbre

Para empezar, la falta de espacio causa incomodidad y dificulta el sueño a todos. Pero es que, además, para la pareja supone renunciar a la intimidad de su dormitorio y para el niño, un posible desconcierto inicial sobre su propio rol. Es necesario orientar al niño sobre el lugar que ocupa en la familia y en este sentido le ayuda mucho saber que su cama es su lugar particular y que la de los padres es su propio territorio. Enseñarle qué es la privacidad y ayudarle a manejar la “ansiedad por la separación” es imprescindible para su desarrollo emocional.

Pero hay más motivos por los que los psicólogos y pedagogos desaconsejamos acostumbrar al niño a dormir en la cama con los padres. Por ejemplo: puede aumentar la dependencia del pequeño hacia ellos, ya que una vez iniciado el hábito, es muy difícil quitarlo y suele prolongarse hasta que el propio niño reclama su independencia, lo que puede ocurrir a los cuatro, a los cinco o a los seis años, según su carácter.

Tampoco es bueno que el niño duerma en la cama familiar cuando uno de los padres está ausente por trabajo, enfermedad... ¿Por qué? Porque esta costumbre alienta la intención inconsciente del pequeño de separar a la pareja (“soy el novio de mamá o de papá”).

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Enseñarle a dormir solo

Otra cosa muy diferente es hacer algunas concesiones, pero siempre intentando que el niño comprenda que le permitimos dormir en la cama grande con nosotros por “ese” motivo especial, que es excepcional. Y la excepción nunca puede convertirse en hábito.

  • Si tu hijo duerme contigo porque está enfermo vuelve a acostarle en su cuarto en cuanto se ponga bueno, explicándole con alegría que ya puede dormir solito y teniendo paciencia y firmeza si le cuesta volver a coger el hábito.
  • Si se despierta llorando a media noche, acude a su lado y trata de calmarle, pero en su cuna o su cama. Ofrécele su mascota, enciende una luz tenue, déjale la puerta abierta...
  • Ayúdale a descubrir el placer de dormir en su propio cuarto. Para ello debes establecer los “rituales para ir a dormir”: léele un cuento, cántale... Así le darás seguridad y conseguirás que esta vivencia positiva llene el vacío que le produce tener que separarse de ti. También es aconsejable que hagas el dormitorio más atractivo para tu hijo, decorándolo con colores y objetos que le llamen la atención, dejando a su lado un musical de cuna o un centro de actividades que pueda accionar él solo...

    Siguiendo estas pautas le ayudas a dar un paso más hacia su autonomía y evitas que se habitúe a llamaros a horas intempestivas para que le metáis en la cama grande ante cualquier malestar.

    En definitiva, ten en cuenta que la cama de los padres es un lugar genial para compartir momentos muy agradables en familia, desayunando, jugando, cantando, haciendo “gimnasia” o viendo cuentos, pero no durmiendo.

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