¿El tomate es azul?

El mundo está lleno de colores y eso a vuestro pequeño le encanta. Poco a poco aprenderá a identificarlos, a nombrarlos y a elegir uno o dos como sus preferidos.

El ojo del niño está biológicamente preparado para recoger estímulos visuales cromáticos. Puede captar el reflejo de la luz sobre las superficies, transformarlo en impulsos eléctricos y enviarlo de esta manera al cerebro, donde se produce la sensación del color.

A nivel cognitivo, entre los 2 y los 4 años el pequeño interioriza el concepto “color”, lo que le permite distinguir uno de otro y ponerles nombre. El entorno cultural y físico del niño también influye en este proceso: recordemos que los esquimales pueden distinguir 30 tipos de color blanco y darle un nombre distinto a cada uno.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

CADA COLOR Y SU NOMBRE

A unos niños les cuesta más que a otros aprender los nombres de los colores. Conviene estimularlos para que desarrollen sus capacidades, pero sin agobiarlos. Es mejor que los aprendan de un modo natural, en el día a día, con actividades como éstas:

Hacer descripciones coloristas. El niño aprende mucho por el uso y las rutinas. Si repetís con frecuencia relaciones entre objetos y colores (tomate rojo, gato negro, bufanda azul...), tendrá más posibilidades de aprenderlo. También podéis comentar los colores de los dibujos que aparecen en sus cuentos y jugar con él a “veo, veo una cosa de color...”. Conviene que acotéis un grupo de objetos concretos para que no se pierda (frutas, juguetes...). Con este juego, además, mejorará su vocabulario.

Tener en cuenta todos sus sentidos. Como nos pasa a los adultos, el niño también puede asociar la vista (y, por tanto, el color) con otras percepciones, como el gusto o el oído. Si asocia el color verde con las hebras de las alcachofas, puede que se niegue a comer todos los alimentos que tengan ese color. Para evitarlo, jugad a darle los ingredientes de su puré por separado. Así comprobará que las judías y la lechuga tienen distinto sabor, aunque los dos tipos de alimentos son... ¡verdes!

Formar series monocromáticas. Ayudadle a aprender el concepto de color poniéndole encima de la mesa un conjunto de cosas del mismo tono (una manzana, una fresa, un coche rojo...). Una vez que se aprenda bien los más básicos, pedidle que guarde sus juguetes según su color: primero los azules, luego los amarillos...

CUESTIÓN DE GUSTOS

Tened en cuenta que en los primeros cuatro años de vida predomina en el niño el pensamiento fantástico. Vuestro hijo no pinta el cielo verde porque lo vea verde, sino porque le gusta más así.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Lo normal es que asocie el calor con el rojo y el naranja, y el frío con el blanco, pero esto es algo aprendido, no innato. Si hay recurrentes cambios de color podéis consultar con un especialista, para comprobar si es daltónico, pero salvo que alguno de vosotros lo sea, se trata de una posibilidad remota.

Animarle a colorear. Pedidle que pinte un sol amarillo, un mar azul... Si no os entiende al principio, id haciendo un dibujo vosotros, al lado del suyo. Una vez que acabéis, haced juntos una descripción colorista de vuestras obras.

Publicidad - Sigue leyendo debajo