La edad de los porqués

“¿Por qué el cielo es azul?” “¿Y por qué los pequeños tenemos que obedecer a los mayores?” “¿Por qué a la tía Ana le está creciendo tanto la tripa?” Seguro que tu hijo, como todos los niños de su edad, también encadena una pregunta tras otra. ¿Qué hay detrás de tanto porqué? ¿Y cómo contestar a lo que pregunta?

Tu pequeño se encuentra en la edad de querer saber el cómo y el porqué de todo (esta etapa suele abarcar de los tres a los cinco o seis años). Por eso no deja de preguntarte cosas ni un minuto y exige que le des respuestas que le convenzan, al menos por el momento.

Conocer, charlar, acaparar...

Los objetivos que persiguen los niños de esta edad, al preguntar tanto, son éstos:

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  • Satisfacer su curiosidad. Comprobarás enseguida que el interés de tu pequeño por las características físicas de los objetos va dejando paso a otro interés más profundo, nacido de su cada vez más compleja forma de pensar, que le hace suponer que todo tiene una explicación. Que sea tan curioso y preste atención a los temas más variopintos es muy bueno, porque esta predisposición le va a permitir ampliar sus conocimientos rápidamente.
  • Entablar un diálogo con los mayores. Que tu hijo practique sus incipientes dotes comunicativas también es muy beneficioso para él, porque así amplía su vocabulario, mejora su pronunciación, ensaya la secuencia propia del habla (yo te pregunto y tú me respondes), aprende a respetar los turnos implícitos en la comunicación y comparte contigo sus dudas e intereses, lo que refuerza vuestra relación afectiva.
  • Acaparar la atención de los que le rodean. Ya sabes que a tu hijo le encanta que le dediques tiempo en exclusiva, porque eso le hace sentirse querido, importante, feliz...

    Cuando tu hijo te pregunte algo, jamás le ignores. Si lo haces, además de sentirse rechazado y de pensar que te estorba (lo que mermará su autoestima), puede creer que lo que te pregunta es algo malo y formarse una idea equivocada sobre ello. Si en ese momento estás ocupada, dile que prefieres hablar un poco más tarde, cuando termines lo que tienes entre manos, porque así podrás explicarle las cosas con detalle y más tranquilamente.

    Al contestarle, recuerda que la primera regla que debes tener en cuenta radica en darle respuestas concretas y sencillas, que estén adaptadas a su nivel de comprensión, para que pueda entenderte sin problemas. Piensa que cuando le resuelves una duda, además de ampliar sus conocimientos, le das las pautas para entender la vida de una manera más realista y organizada (tu hijo todavía se encuentra en la fase del “pensamiento mágico”, en la que cree que todo lo que se le pasa por la cabeza puede suceder).

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    También es importante que centres tu respuesta sólo en lo que te ha preguntado, porque si te adelantas a lo que se le puede ocurrir dentro de un tiempo, es muy probable que le confundas.

    Y no te anticipes a contarle cosas porque otros compañeros de su clase se las hayan preguntado a sus padres: cada niño madura de una manera y tiene unas inquietudes particulares, y lo que a unos les interesa mucho, a otros no les motiva en absoluto.

    Buscar juntos las respuestas

    Si alguna vez te pregunta algo que no sabes, no te importe decirle que ignoras la respuesta, pero en lugar de quedaros sin saberla, proponle buscarla juntos en una enciclopedia infantil, pensada específicamente para satisfacer la curiosidad y los intereses de los más pequeños, como El gran libro de consultas, 1.000 preguntas y respuestas, en Ed. Hymsa (16,26 v) y Tu primera enciclopedia, en Ed. Susaeta (16 v). Así irá tomando nota sobre cómo puede resolver sus dudas de forma autodidacta, lo que favorecerá su independencia y madurez.

    También le gustará mucho entretenerse con juegos como Conector Travel, de Educa (9 v), una atractiva consola pensada para que los niños descubran el porqué de todas las cosas, casi sin ayuda de los mayores, y Mini Lectron Entorno, de Diset (17 C), un juego electrónico con 180 preguntas y sus correspondientes respuestas, relativas a los diferentes ambientes que suelen frecuentar los pequeños.

    Por otro lado, es normal que a veces las dudas de tu hijo te desconcierten tanto que no sepas qué contestarle. En este caso, un truco que puedes poner en práctica es devolverle la pregunta. Dile, por ejemplo, “¿por qué crees tú que a la tía Ana se le está poniendo la tripa tan gorda?”. De este modo conseguirás que te dé pistas sobre lo que realmente le interesa y te será mucho más fácil satisfacer su curiosidad.

    Lecturas orientativas

    Para salir airosa de las preguntas más delicadas que te plantee tu hijo, además de recurrir a la técnica anterior, también puedes leer libros como Qué preguntan los niños y cómo responderles, de la Dra. Miriam Stoppard, en Ed. Cúpula (21 C) y ¿Cómo se lo decimos a los niños?, de Bennett Olshaker, en Ed. Médici (23 C).

    En ambos encontrarás orientaciones muy prácticas sobre la cantidad de información que debes dar a tu pequeño y el lenguaje que debes utilizar en cada situación, para lograr entenderte bien con él.

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