Aún pega a otros niños

Ya es mayorcito para zanjar sus asuntos “a tortas”, pero a veces se le escapa la mano. ¿Cómo puedes enseñarle otras formas de comunicación más pacíficas?

En sus primeros años, todos los niños expresan sus sentimientos de manera física. Por ejemplo, su frustración la demuestran lanzando objetos o pegando al que tienen al lado. Poco a poco aprenden a usar palabras como “no”, “dámelo” o “es mío”, en vez de recurrir a las manos.

A los 4 años ya saben que pegar no es bueno. Sin embargo, aún están perfeccionando su capacidad para expresar su enfado de forma positiva. Es muy probable que aún rompan algo, pataleen o peguen al niño con quien se han enfadado, pero si éste se convierte en su modo habitual de reaccionar, hay que actuar.

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CAUSAS Y REMEDIOS

Para poner fin a estas conductas agresivas hay que desgranar sus causas y actuar en consecuencia.

  • El niño puede pegar para intentar hacer frente a su tristeza, su decepción o su frustración. En este caso hay que enseñarle palabras que definan sus sentimientos. Por ejemplo: “te noto nervioso”, “ya sé que estás enfadado”... De esta manera no sólo aprenderá las palabras oportunas para expresar sus vivencias, sino que además se sentirá comprendido y así le resultará mucho más fácil superar su malestar.
  • También puede enzarzarse en peleas frecuentes porque no se siente seguro y está siempre a la defensiva. Su lema es: antes de que me peguen, pego yo. Si tu hijo actúa así en el colegio, pide a su tutora que le siente al lado de un niño tranquilo y obediente para que pueda relajarse con él y no tenga que estar todo el día “de uñas”.
  • Otro motivo que puede llevar al niño a pelearse a menudo es el intento de hacerse notar ante los adultos. Es evidente que la atención que le prestan no es agradable (“no te portes así”, “estás insoportable”...), pero al menos están pendientes de él. Si es el caso de tu hijo, hazle saber lo feliz que te sientes al verle jugar tranquilo y elógiale mucho cuando sea amable con otros niños.

    Lógicamente, no debes consentir sus malas conductas. Cuando ocurran, mándale cuatro minutos al pasillo (uno por cada año de edad) para que reflexione sobre su actitud. Pasado este tiempo, trátale con normalidad y aborda la situación con buen ánimo.

    ¡OJO CON LOS AZOTES!

    Es fundamental que ante una conducta negativa de tu hijo le demuestres tu indignación. Así percibirá que la rechazas y, como lo que más desea es que estés contenta con él, intentará cambiar de actitud para conseguir no sólo tu atención, sino tu aprobación.

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    Sé consecuente con tu táctica y valora mucho sus buenos comportamientos. Otro detalle que debes tener en cuenta es que jamás debes darle cachetes ni azotes. Esto sería contraproducente, pues harías algo que a él le prohíbes y tu pequeño no sabría a qué atenerse. Sobre todo, ten paciencia y esperanza.

    En la inmensa mayoría de los casos, la agresividad es un indicio de que el niño tiene un corazón sensible que puede aprender a comportarse mejor.

    MUCHAS PELEAS, POCOS RENCORES

    Un psicólogo, H. C. Dawe, observó y estudió 200 peleas entre 40 niños con edades comprendidas entre 2 y 5 años. Y descubrió lo siguiente:

    • Los niños son bastante más agresivos que las niñas.
    • Dos niños que juegan juntos se pelean cada 6 o 7 minutos, durante unos 30 segundos, pero enseguida reanudan sus juegos.
    • Las peleas no crean rencor ni resentimiento entre ellos.
    • Aunque a veces pensamos que ya son mayores para pegarse, la fase más conflictiva es entre los 3 y los 5 años, ya que a esta edad aumentan sus relaciones fuera de casa.
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