Cómo aumentar la autoestima en los niños desde que son bebés

Todo lo que tu bebé vive y experimenta va formando la percepción que tiene de sí mismo. Por eso es posible educarle de tal modo que se convierta en una persona segura y con buen autoconcepto.

La vida de un niño es como un trozo de papel en el que todos los que pasan dejan una señal”, dice un proverbio chino. Este dicho no va mal encaminado, ya que, ciertamente, las experiencias que vive el pequeño influyen en cómo piensa sobre sí mismo. Y esta influencia empieza bien pronto, como veremos a continuación.

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La autoestima es un conjunto de creencias que cada uno tiene de sí mismo: de sus capacidades, habilidades y recursos. Alrededor de los 3 años de edad, el niño ya es capaz de contar quién es y cómo se ve. Sergio, por ejemplo, se presenta así: “Soy Sergio, tengo 3 años, soy mayor y muy bueno. Y muy fuerte, ¡mira!”. Para mostrarlo se levanta las mangas y enseña sus músculos. Sergio tiene una valoración positiva sobre sí mismo. Se llama “bueno”, porque sin duda sus padres se lo dicen a menudo. Y se siente fuerte. Como la mayoría de los niños de 3 años, sobrevalora sus capacidades porque no las compara con las de otros pequeños.

Este optimismo infantil es normal a esta edad, siempre que el pequeño viva experiencias positivas con sus padres y que estos le estimulen, le elogien y le ofrezcan seguridad para explorar sus capacidades. Y es que, aunque un 40% de la autoestima sea algo innato (hay niños que ya desde muy pronto tienen mucha), el resto se va formando durante los primeros años. ¿Cómo puedes ayudar a tu hijo desde bebé para que la suya sea alta?

Primer paso: aceptación

Durante el embarazo ya transmites al bebé tus pensamientos y amor y él se siente aceptado, del mismo modo que un bebé cuya madre niega su existencia (porque rechaza el embarazo), se vuelve tenso y da patadas.

Esto no implica que debas vivir tu gestación en una nube rosa; también tus preocupaciones indican que su existencia te afecta. Tus emociones y sensaciones van modelando su vida emocional y creando tendencias que terminarán profundamente arraigadas en él, como un sentimiento de seguridad y autoestima.
De esta manera, al ofrecerle un entorno cálido ya desde el embarazo, puedes lograr una diferencia decisiva en todo lo que tu hijo sienta, espere, sueñe y piense de niño.

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Segundo paso: confianza en sí mismo

Desde que llega al mundo y a lo largo de todo su primer año, lo que necesita el bebé para sentirse feliz es amor, cercanía y cuidados (alimento, calor, tacto...). La atención que le dedicas y tus abrazos, besos y caricias funcionan como semillas para una buena autoestima, ya que percibe tu cariño en cómo le cuidas y le hablas.

También sus propios logros elevan su bienestar. Cada nueva habilidad, como darse la vuelta o hacer rodar la pelota, le produce una sensación primero de asombro y luego de satisfacción. Es algo innato. Todos sus intentos que acaban en éxito benefician su autoestima. Mediante experiencias de este tipo –aprender a manejar la cuchara, subir la escalera– desarrolla confianza en sus propias capacidades. No es algo que piense ni sepa decir, pero lo experimenta y lo va almacenando en su memoria.

La confianza en sí mismo lo enriquece todo, y hace que afronte cada nuevo aprendizaje con ilusión y entusiasmo: confía en que le saldrá bien porque hasta ahora ha sido así. Todas las oportunidades que le brindas para explorar son buenas (tumbarle sobre una mantita en el suelo, sostenerle para que dé pasitos...), ya que le permiten tener experiencias de éxito.

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