Caídas frecuentes en niños

A pesar de sus traspiés, tu hijo no puede perder la confianza en sí mismo. La necesita para esforzarse en caminar cada día mejor.

Aprender a andar, correr, saltar y trepar requiere muchas horas de entrenamiento. Y, como es lógico, la práctica va acompañada de múltiples caídas y de traspiés.

Por fortuna, la mayoría de las veces estos golpes son insignificantes; sin embargo, la forma en que mamá y papá reaccionáis ante ellos puede suponer un acicate para que el pequeño intente superarse o una traba a su motivación.

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Que no coja miedo

Vuestro hijo está genéticamente predispuesto para superar todas las fases que le convertirán en un perfecto caminante, capaz de andar, correr, trepar y saltar. Pero su nueva hazaña, además de mucha satisfacción, también le produce miedo: a tropezar, a caerse, a escurrirse..., resumiendo, a hacerse daño.

Que venza ese temor rápidamente o que, por el contrario, lo afiance, depende de sus experiencias: cuantos menos tropiezos tenga, más motivado se sentirá para seguir adelante y superarse. Y ahí es donde vuestra actitud juega un papel determinante. Las caídas no siempre se pueden evitar en su día a día (a esta edad, los niños son incapaces de parar quietos un momento), pero sí hay algo que vosotros podéis hacer: variar la forma en que las vive.

Si cada vez que vuestro pequeño tiene un percance, saltáis del asiento gritando, le inspeccionáis de arriba a abajo para ver si tiene algún rasguño o le consoláis exageradamente, él actuará igual, es decir, dando excesiva importancia a sus caídas. De esta manera su miedo aumentará (quizá se convierta en un niño temeroso) y con ello disminuirán sus intentos por lograr su objetivo, además de que puede volverse excesivamente ñoño y quejica.

La actitud mejor para incrementar su autoconfianza radica en consolarle, pero no con palabras como “¡pobrecito, qué golpe te has dado!” o “¡vaya herida que te has hecho!”, que son descorazonadoras, sino con frases de ánimo como “¡arriba, campeón, fíjate hasta dónde has llegado!” o “¡qué bien lo haces!”. Así no le transmitiréis inseguridad, sino fuerza y motivación.

Como ya hemos comentado antes, la mayoría de las caídas de los pequeños suelen ser leves; sin embargo, psicológicamente les provocan mucha inseguridad, les hacen dudar de sus propias capacidades y desconfiar del ambiente en el que se mueven. Este estado de intranquilidad les lleva a centrar toda su atención en la desagradable sensación que el golpe les ha dejado y así, sin darse cuenta, la magnifican, convirtiendo cada pequeño rasguño o chichón en un tremendo accidente.

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Consuelos “mágicos”

Para cortar con ese hilo de pensamiento y “pasar página”, resultan muy eficaces algunos remedios “mágicos”, como que sus padres les canten el “cura sana, culito de rana” o, más simple aún, que les den un beso en la zona dolorida y un fuerte achuchón que les reconforte.

También suele dar buen resultado “regañar” al objeto que ha sido culpable del golpe (el pico de un mueble, el suelo, la alfombra del salón...).

Si a consecuencia de una caída tu pequeño se hace una herida, le calmará mucho que le vayas contando paso a paso lo que tienes que hacer para curarla (aunque no sea nada, a todos los niños les alarma mucho la sangre): “Primero vamos a lavarla muy bien con agua fresca para quitar la tierra, ahora la secamos con cuidado con una gasita...”. No te olvides de decirle lo valiente que es, lo fenomenal que se está portando en un momento tan difícil y lo orgullosa que te sientes de él.

Por último, para que sus frecuentes incidentes no supongan un escollo en su batalla por dominar la motricidad gruesa, lo mejor es convertir sus heridas en un motivo de orgullo (“¡mira qué valiente es este chico, que se ha hecho una pupa mientras corría como un niño mayor!”). Otra buena idea es ponerle una tirita o un esparadrapo, signo de su “heroicidad”, que pueda enseñar al resto del mundo a modo de trofeo.

Qué hacer si se golpea la cabeza

Estate muy atenta a su actitud y reacciones después del percance y en las 24 horas siguientes. Si muestra alguno de estos síntomas, llévale en seguida a urgencias:

  • Pierde el conocimiento.
  • Sangra y no logras detener la hemorragia.
  • Parece mareado, vomita o tiene náuseas.
  • Llora y no hay modo de consolarle.
  • Le aparece un bulto o un gran hematoma.
  • Se duerme tras el golpe.
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