Cuentos para educar y entretener

Al narrarle un cuento a tu hijo no sólo le diviertes: también le educas y le ayudas a ser feliz.

Todas las culturas, desde los indios norteamericanos a nuestros abuelos, han empleado los cuentos como método para educar a los niños. Los relatos de siempre, los clásicos, encierran mensajes que han perdurado durante siglos y que es bueno que le transmitas a tu hijo, contándoselos o leyéndoselos.

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Pero, si eres capaz de hacerlo, inventar historias es el mejor modo de transmitir al niño tus propios valores en un lenguaje que entenderá sin problemas. Además, le estimulará para que desarrolle su curiosidad y fantasía, para que se anime a usar el lenguaje (y enriquezca el suyo) y para que comprenda situaciones nuevas.

Muchas veces, al inventar, partimos de los problemas que el pequeño tiene en ese momento, con lo cual le ofrecemos un modelo para solucionarlos basándonos en el aprendizaje por imitación (aprendizaje vicario) que le permite ver las consecuencias de una conducta en los demás sin tener que vivir la situación personalmente.

Un esquema básico

Aunque parezca complicado, la capacidad de inventar historias se perfecciona con la práctica. Si quieres animarte a intentarlo, puedes comenzar buscando un punto de partida para el cuento adecuado al momento vital que está atravesando tu hijo y eligiendo los personajes, cuyo número y variedad aumentará también en función de la edad del niño.

Después llega el desarrollo de la trama (muy sencilla en los primeros años, más complicada a medida que el niño crece) y el desenlace, que conviene que sea siempre positivo porque, como el pequeño se identifica con las situaciones, puede sentirse confundido si acaba mal. En último lugar está la conclusión del cuento. Más que buscar la moraleja, que si es muy evidente puede ser rechazada por el niño, es mejor hacer un resumen de la aventura narrada y del modo en que se ha solucionado el conflicto: “Y esta es la historia de... que se escapó y...”.

Cuando fallan las musas

Sin embargo, no siempre es fácil inventar. Si te cuesta buscar un punto de partida, puedes recurrir a varios trucos:

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  • Partir de palabras escogidas al azar. Parte de tres o cuatro palabras que el niño te diga para crear una historia. O, si es un poco mayor, buscad juntos las tres palabras al azar en el diccionario. Así, de paso, aprenderá términos nuevos.
  • Mezclar personajes. Coge los de diversos cuentos y únelos en una historia: los tres cerditos son primos de Pulgarcito; Juan sin Miedo se encuentra al lobo de Caperucita... Tergiversando los relatos de siempre aparecen historias sugerentes para todos.
  • Narrar una historia real. Explícale una situación que te ocurrió en tu infancia o algo que le haya pasado a él, contándolo como si le sucediese a un personaje inventado.
  • Utilizar fragmentos de películas o series. Sólo tienes que recordarlos y contárselos poniendo imaginación. Contado por ti, ¡hasta un capítulo de sus dibujos preferidos será novedoso!
  • Inventar personajes fantásticos. Y hacer que realicen actividades cotidianas: un robot que lava los dientes y da de comer; un hada que concede tres deseos... A los niños les gustan mucho los personajes que tienen poderes.

    Como verás, hay trucos muy útiles a la hora de inventar una historia para tu hijo. Y lo mejor es que, al contarle un cuento, no sólo le enseñas y favoreces el desarrollo de su inteligencia; también estrechas los lazos que os unen y contribuyes a que, con el paso del tiempo, se convierta en un adulto seguro y feliz.

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