Logra que el niño te obedezca

Según crecen, los niños se vuelven más maduros y se muestran menos reacios a atender a sus mayores. Aprovechad su buena disposición para convertir a vuestro hijo en un niño obediente.

Según crecen, los niños lo hacen desarrollándose en todos los ámbitos. Cuando llegan hacia los cuatro años, ya tiene la capacidad suficiente para darse cuenta de si se está comportando bien o mal. A esto se une que su deseo de agradar a los padres es muy fuerte y está realmente motivado para colaborar con ellos.

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Y todo esto implica que a partir de ahora se irá volviendo más obediente, lo que no significa que pase a obedecer a todos, de buena gana, de un día para otro.

La disciplina, imprescindible

No puede haber buena educación ni obediencia sin disciplina. El niño nace sin saber nada de normas y necesita que sus padres se las vayan enseñando en sus primeros años. Éstas serán la conciencia que le guiará en su vida.

A veces los padres esquivan este tema, porque temen perder el cariño de su hijo, y es un error. Los límites le dan seguridad y le enseñan a controlarse. Sin normas, el niño va sin rumbo por la vida. Esta negligencia por parte de los padres se debe a un desconocimiento sobre cómo aplicar la disciplina. Es cierto que los métodos de antes eran inadecuados (castigos físicos, severidad...), pero hoy sabemos cómo enseñar a los niños a ser obedientes sin faltarles al respeto.

Prueba a hacerlo así con tu hijo:

  • Háblale en positivo. En vez de gritarle “¡baja del sofá!”, dile con voz serena pero firme, “tienes que bajarte del sofá y lo sabes perfectamente”.
  • Facilítale las tareas. Puedes fragmentarlas (“recoge primero los cochecitos y después la construcción”). O puedes convertirlas en un juego (“a ver quién de los tres se pone antes el pijama”).
  • Déjale claro qué esperas de él. No le digas “sé bueno”, porque no sabrá a qué te refieres. Para él es más claro que le especifiques: “quiero que pidas las cosas por favor y des las gracias”.
  • Explícale las normas. En lugar de pedirle algo, explícale por qué debe hacerlo. A nadie le gusta que le manden sin más. Esto fomenta la rebeldía.
  • Critica su mala acción, no a él. Dile “pegar está mal”, mejor que “eres malo”, porque esta afirmación merma su autoestima. Así le enseñas y evitas que se sienta mal con su persona. Además, las etiquetas (vago, torpe...) se convierten en profecías que se cumplen. El niño que siempre oye que es un desobediente, termina comportándose como esa imagen que los demás tienen de él.
  • Evita las amenazas. “Si no vienes enseguida, no verás la tele hasta Navidad”. No uses este sistema, ya que no podrás cumplir lo que dices o tu hijo te obedecerá por miedo a que cumplas tu amenaza, no porque lo desee.
  • Refuerza sus conductas positivas. Si tu hija siempre te pide las cosas a gritos, no la atiendas. Hazlo sólo cuando lo haga con un tono de voz normal. Y felicítala por sus buenos modales.
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    no lo hace para fastidiar

    Da tiempo al tiempo y no exijas a tu hijo más de lo que se puede esperar a su edad. Sin duda, cada vez será más obediente, pero para él, el mundo está lleno de sorpresas que quiere descubrir. Hacerlo es un impulso vital, casi desenfrenado, y muchas veces sus actividades desembocan en malas conductas.

    Para no enfadarte con él, piensa que a esta edad te desobedece por su insaciable curiosidad y por su afán de sentirse independiente, no para fastidiarte.

    tres trucos infalibles para no perder los nervios

    1. La pausa obligada. Si no te hace caso, mándale a su cuarto cuatro minutos (uno por cada año de edad). Esta pausa os ayudará a relajaros y le motivará para cambiar de conducta, ya que odia quedarse a solas y sentir tu desaprobación.
    2. Contar hasta diez.Tu hijo está absorto en el juego y no quiere ponerse los zapatos para salir a la calle. Dile: “Mientras cuento, voy cogiendo el bolso y el abrigo, y cuando llegue al diez, tienes que haberte calzado”.
    3. Retirada de privilegios.Este truco consiste en quitarle algo que le guste, como no leerle el cuento de “buenas noches”. Es básico que apliques este castigo poco después de la trastada de tu hijo, para que entienda la relación entre su acción y la consecuencia.
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