Poco a poco, sin prisas

Si vuestro hijo va perfeccionando su forma de hablar no debéis preocuparos por sus errores de pronunciación.

No se trata de que “tenga que” aprender a hablar en un corto periodo de tiempo (aunque otros niños de su edad ya lo hagan), sino de que realice un aprendizaje progresivo y natural de la lengua.

De todas maneras, os quedaréis asombrados de lo mucho que mejorará cuando empiece a ir al colegio y oiga hablar a sus compañeros.

Además, la necesidad de relacionarse con ellos le servirá de incentivo para esforzarse en pronunciar cada vez mejor.

En caso de que no ocurra así deberéis consultar con un logopeda infantil, pero lo más probable es que no sea necesario.

Ver que le entendéis le anima a superarse

Hacer que no entendemos al niño para “obligarle” de esta manera a hablar bien no es una medida eficaz ni tampoco pedagógica. Si el pequeño no pronuncia como es debido no es porque no le apetezca, sino porque todavía no sabe hacerlo.

Los padres que actúan de esta forma, aunque tienen buena intención, sólo consiguen frustrar los deseos de comunicación de su hijo, lo que a la larga puede provocar un abandono por parte del pequeño, que decidirá no hablar o hacerlo únicamente con quien sí parece tener ganas de comunicarse con él.

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