Síntomas de una mala adaptación a la guardería

Hay casos en los que el niño no es capaz de adaptarse a la guardería y no logra sentirse bien en el centro infantil. Atenta por si te está mandando señales que, hasta ahora, no sabías interpretar.

Hay una serie de conductas que pueden indicar que existe un problema real de adaptación:

  • Se muestra excesivamente dependiente de ti. Es normal que en los primeros días de guardería, al salir el niño se aferre más a ti o a tu pareja para sentirse seguro. Pero si esta dependencia es excesiva (no se separa de ti para nada e incluso le da miedo perderte de vista un instante), y si además no disminuye a medida que pasa el tiempo, hay que tomar cartas en el asunto.
  • Está triste gran parte del día. Su educadora te dice que el niño llora con facilidad a lo largo de todo el día, no sólo al despedirse de ti, y que además no juega, se muestra apático y sólo quiere estar en sus brazos.
  • Sufre trastornos de sueño que perduran varias semanas. Tarda en dormirse (y requiere tu presencia para hacerlo) o se despierta muchas veces por la noche debido a un sueño intranquilo. Significa que no está logrando asimilar las experiencias vividas durante el día.
  • Tiene serios retrocesos en su desarrollo. Si los retrocesos eventuales (volver a hacerse pis, recurrir al chupete o chuparse el pulgar) se mantienen después de varias semanas o se intensifican, indica que hay un problema. Algo significativo es que empiece a comer muy mal o a pedir la comida triturada o en biberón.
  • Manifiesta cambios importantes de carácter. De repente se vuelve más callado, más asustadizo y tristón, contesta, desobedece a todas horas...
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    Si tu hijo muestra una o varias de estas conductas, conviene que analices la situación y que te plantees si la escuela que has elegido es la adecuada. Si la respuesta es afirmativa, el siguiente paso es hablar con las educadoras para buscar una solución entre todos. Una buena idea es pedir que asignen al niño una educadora concreta que le preste una atención extra durante un tiempo, para que tenga una mayor sensación de seguridad. Cuéntale sus peculiaridades, como los hábitos que tiene para dormirse, sus preferencias, su mascota, etc.

    Por otro lado, no está de más que algún día aparezcas por el centro en un momento inesperado y pidas que te dejen observar al niño sin que él te vea. Quizá así descubras mejor qué es lo que le pasa y lo que le falta, una información que te será muy útil para tomar una decisión.

    Si no logras solucionar el problema, antes de sacar al niño de la guardería, prueba a reducir las horas que pasa allí. Durante una temporada llévale sólo por las mañanas y recurre a un familiar o a una canguro para que lo cuide en vuestra casa por las tardes. Puede que así vaya adaptándose de forma más relajada.

    ¿Es mejor sacarle durante un tiempo?

    No es bueno sacar al pequeño a las primeras de cambio, ya que en muchos casos al poco tiempo ya está adaptado, pero hay ocasiones en las que es necesario no llevarlo más. Para saber si éste es el caso de tu hijo la mejor guía es tu propia intuición, pero en general se puede decir que cuanto más perduren los problemas y más serios sean, más razones habrá para no seguir.

    Y es que no todos los niños maduran al mismo tiempo, y si llevamos al pequeño cuando aún no está preparado para adaptarse a la convivencia en grupo, puede que al final se haga a la situación y deje de llorar, pero no se sentirá feliz y se verán afectadas su confianza en el mundo y su seguridad en sí mismo.

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    Los niños que no se adaptan a la guardería suelen estar felices en su propio entorno con una persona de confianza o incluso en un grupo más reducido de niños. Tenlo en cuenta y da tiempo a tu hijo: al final todos crecen y maduran y es muy probable que, pasados unos meses, se sienta preparado para disfrutar en la guarde.

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