Emociones en los adolescentes: ejercicios para ayudarles a saber gestionarlas

A menudo vemos en casa y en la escuela como niños y niñas tienen dificultades a la hora de expresar o gestionar sus emociones. Identificarlas y gestionarlas no es tarea fácil, por ello desde Youthcamp facilitan a los padres las siguientes dinámicas para fomentar la inteligencia emocional de sus hijos pequeños o adolescentes

adolescentes emociones
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La intensidad emocional varía de una persona a otra. Mientras que hay personas que exteriorizan sus emociones fácilmente con más o menos intensidad, hay otras que no saben manejarlas. Saber gestionar las emociones o siempre es fácil para muchas personas es un gran desafío cuando se sienten mal, o bien están frustrados o enfadados. Solo es cuestión de tiempo, paciencia, esfuerzo y práctica desarrollar la destreza suficiente para gestionar y controlar la inteligencia emocional.

Acompañar a los adolescentes en su emocionalidad

Y es que según explican desde Youthcamp, grupo de profesionales orientados al desarrollo de las habilidades personales y de liderazgo de los adolescentes, el concepto de inteligencia emocional ha ganado fuerza en los últimos años, y es que muchas de las nuevas generaciones están descubriendo los principios básicos de la inteligencia emocional y sus beneficios.

Asimismo, este concepto también ocupa un lugar importante en el panorama educativo de los padres. Y es que una de las cosas más importantes que se le puede enseñar a un hijo acerca de las emociones es que no son buenas o malas. Es vital saber expresarles que no necesitan juzgar las emociones, simplemente notarlas y sentirlas, para después identificarlas como cómodas o incómodas.

Por ello, desde Youthcamp nos dan las claves para realizar con nuestros hijos unas actividades y reflexiones para construir, desarrollar y mantener la inteligencia emocional.

  1. Categorización de las emociones. Escribid cinco emociones básicas en notas adhesivas o en tarjetas, así como palabras que pudieran identificarse con situaciones. Posteriormente hablad con los jóvenes sobre cada emoción y dónde podrían encajar cada una de esas palabras en la categoría de situaciones.
  2. Pregunta y reflexiona con tu hijo. Tómate un tiempo para hablar con tu hijo y responder algunas de las siguientes preguntas: ¿cómo afectan mis estados de ánimo a mis pensamientos y toma de decisiones?; ¿cómo describiría mi estilo de comunicación y su efecto en los demás?; ¿qué rasgos en los demás me molestan y por qué?; ¿me resulta difícil admitir que estoy equivocado? ¿Por qué o por qué no?; ¿cuáles son mis puntos fuertes?; ¿cuáles son mis debilidades? Debemos pensar profundamente las respuestas, usándolas para hacer comprender a nuestro hijo sus emociones.
  3. Usa vocabulario emocional. Cuando un médico trata de diagnosticar un problema, pedirá que describas el dolor que está sintiendo. Podrían pedirte que uses palabras como agudo, dolorido, calambres, o sensible entre otros. Cuanto más específico seas, más fácil será para tu médico diagnosticar el problema y prescribir el tratamiento adecuado. Con las emociones el funcionamiento es parecido: al usar palabras específicas para describir sus sentimientos, es más fácil llegar a su causa raíz, lo que permite lidiar mejor con ellos. Entonces, la próxima vez que nuestro hijo experimente una fuerte reacción emocional, tómate un tiempo para procesar con él la situación. No solo lo que está sintiendo, sino también el motivo. Trata de dar palabras a sus sentimientos; luego, determina junto a él lo que quiere hacer sobre la situación.
  4. Pausa. Ayuda a su hijo a tomar descansos. Hazle comprender que, si siente que está empezando a responder emocionalmente a una situación, debe primero tomar una pausa. Si es posible, aconséjalo que vaya a dar un paseo. Una vez que haya tenido la oportunidad de calmarse, anímale a decidir cómo querer avanzar.
  5. Enséñalo a utilizar el truco de 3 segundos. Si tiendes a contestar rápidamente, aceptas los compromisos demasiado deprisa y puedes decir algo que luego lamentarás. Para prevenirlo, podemos practicar con nuestros hijos estas tres preguntas rápidas antes de contestar: ¿es necesario decir esto?; ¿es necesario que lo diga yo?; ¿necesito decir esto ahora? En cambio, si es el joven es más introvertido y a menudo siente que desearía haberse expresado en un momento o situación específica, ayúdalo a preguntarse: ¿me arrepentiré de no hablar más tarde? Las preguntas correctas pueden ayudar a cualquier persona a manejar sus reacciones emocionales y evitar arrepentimientos.
  6. Aprende a decir no. Es genial ser amable y servicial con los demás, pero los jóvenes tienen que aprender a poner sus límites. Para ello, podemos hablar con nuestros hijos y poner ejemplos de situaciones en las que, si respondemos sí a todas las solicitudes, podemos elegir el camino del agotamiento y gastar nuestro tiempo y energía. Debemos explicar que, cada vez que decimos que sí a algo que realmente no queremos, en realidad estás diciendo que no a las cosas que sí queremos.
  7. Convertir las críticas en comentarios constructivos. Una de las actividades que podemos realizar con nuestros hijos está relacionada con las críticas y el peligro de tomarlas de forma personal. En su lugar, debemos enseñar a los jóvenes a responder dos preguntas: dejando de lado los sentimientos personales, ¿qué puedo aprender de esta opinión alternativa?; ¿cómo puedo usar estos comentarios para ayudarme a mejorar? Recuerda que la mayoría de las críticas están enraizadas en la verdad e, incluso cuando no lo es, ofrecen la oportunidad de ver la realidad desde la perspectiva de los demás.

    Para trabajar estas habilidades también fuera de casa, los campamentos de Youthcamp son el escenario perfecto para ponerlas en práctica. Una experiencia única de aprendizaje y diversión para los más jóvenes.

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