Cómo ayudar a un niño a llevar mejor las despedidas o muertes

Su mejor amigo se muda de ciudad, ha perdido a su mascota, papá y mamá deciden vivir separados, tiene miedo de perder a su profesor favorito... Si despedirse no es fácil para un adulto, imagina para tu hijo.

Enseñar a un niño a llevar mejor la tristeza por una despedida, una separación o una muerte
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Cómo afrontan los niños las pérdidas, y las despedidas, no tiene nada que ver con la actitud de los mayores. Ellos suelen tener sentimientos de confusión, miedo, rabia y, sobre todo, comportamientos dirigidos a llamar tu atención, ¡no los ignores! No suelen expresar la tristeza o la pena como los adultos, lo general es que exterioricen estos sentimientos a través de cambios en el carácter, irritabilidad o disminución del rendimiento escolar, sobre todo en los más pequeños.

Lo que a los adultos nos parecen nimiedades y cosas de nuestro día a día: perder a una mascota, tener que despedirse de un amiguito que se va a vivir lejos, cambiar de la guarde al colegio, decir adiós a una cuidadora... para ellos es un mundo. De entrada ten en cuenta que para que una despedida sea sana ha de conllevar tristeza; esto es bueno porque es coherente con lo que tu peque siente, pero esa tristeza no se debe enquistar ni degenerar en frustración.

Depende de la edad

La edad y el desarrollo cognitivo y emocional de cada niño desempeñan un papel fundamental en la interpretación y comprensión de la pérdida, o de la necesidad de decir adiós. Eso sí, tenga la edad que tenga, no le prives del ritual de despedirse ni le ocultes demasiada información. Hasta los 7 años es frecuente que fantaseen con que siguen jugando con ese amiguito que se ha ido fuera, o que oigan ladrar a su perrito fallecido; no te preocupes, es normal y necesario para que el niño pueda distanciarse de quien ha perdido. En esta etapa lo mejor que puedes hacer es darle un extra de mimos y cariño e intentar que, de alguna forma, te cuente cómo se siente.

De 7 a 9 años te encontrarás, primero, con una actitud de rechazo ante la situación: en caso de una separación de los padres, por ejemplo, no querrá aceptarlo, se negará a enterarse de lo que está pasando. Puede ocurrir que, de alguna forma, se eche la culpa de lo que sucede –creerá firmemente que os habéis separado porque él se porta mal, que su pájaro murió porque un día se le olvidó darle de comer, o que su cuidadora se fue porque no la trataba muy bien...–, en esta edad los niños lo personifican todo y la culpabilidad es un rasgo muy común. Esta es tu primera misión: hacerle comprender que él/ella no ha tenido ninguna responsabilidad en esa pérdida.

Cómo ha de ser tu actitud

Comprensiva, pero nunca dramática. Si la pérdida también la has sentido tú, le ayudará mucho que le expliques tus sentimientos, que le cuentes cómo te sientes y le asegures que, aunque estás triste, sabes que tú y él/ella terminaréis superándolo y recordando a ese amiguito o a esa mascota con mucho cariño y sin tanto dolor.

Las fotos siempre son un buen recurso porque le obligan a exteriorizar sus sentimientos: si pones en su habitación un retrato suyo con el amigo que se fue, con su conejito fallecido o del papá que ha dejado el hogar no estás convocando la tristeza, le estás facilitando que hable de cómo se siente, que exteriorice que los echa de menos y que lo supere mejor. La nostalgia es buena para los niños, les permite asumir la pérdida; así que, nunca hagas
un tabú de alguien o algo que se ha ido
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Los adioses más duros

Son, sin duda, cuando alguien desaparece del todo –la muerte de un abuelito, una vecina, un familiar o amigo cercano...– o si sus papás se enfrentan a una separación y tiene que dejar de vivir con uno de ellos. Respecto a la pérdida, ten en cuenta que hasta los tres o cuatro años los niños no comprenden del todo el significado de la muerte, pero aun así se entristecen y sienten miedo.

Los niños perciben el tiempo de forma diferente, por lo que las etapas de duelo suelen pasar antes

A partir de esa edad una despedida les crea, fundamentalmente, tres reacciones: miedo a que vuelva a repetirse con cualquier otra persona del entorno, remordimientos porque se plantean si, de alguna forma, ellos o su actitud han tenido la culpa y tristeza. Pero, ojo, la mayoría de los niños no se ponen tristes ni melancólicos, sino que sufren cambios de carácter, de humor, disminución del rendimiento escolar, tienen pesadillas, comen peor, buscan más peleas con sus amigos...

En estos casos de pérdidas graves tienes que dejarles un tiempo para que se adapten y sean capaces de asumir sus sentimientos. Y algo muy importante: explícale qué va a ser de él, cómo va a cambiar su vida ante esa pérdida. Por ejemplo, si se ha muerto la persona que le llevaba al cole dile cuanto antes quién se va a ocupar de el/ella; si se ha quedado sin gatito infórmale de si vais a tener otra mascota; si os habéis separado dadle detalles precisos de cómo va a ser su vida a partir de ahora. Pero, sobre todo, ¡dale muchos abrazos!

Herramientas que te ayudan

In and Out, película sobre los sentimientos
Distribuidora

'In & Out' es una de las mejores películas que se han hecho para que los niños sean conscientes de sus propios sentimientos. En etapas duras puede que encuentren consuelo viéndola o, al menos, que les ayude a buscar una forma de comunicarse.

Ante cualquier pérdida importante para tu hij@ no dudes en compartirlo con las personas cercanas: profesores, cuidadores, familiares, padres de sus mejores amigos... serán de gran ayuda.

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