Cómo aprender a valorar y detectar qué aprendemos de nuestros hijos

Desde que te conviertes en padre o madre vives en un aprendizaje continuo, pero seguro que no te has parado a valorarlo lo suficiente.

Every moment spent together is absolute bliss
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Cuando te conviertes en madre o padre, es indudable que la vida te da toda una lección y cada minuto desde que nace tu hijo es un aprendizaje nuevo. Y es que de nuestros hijos podemos aprender muchas cosas, tanto aquellas que no habíamos aprendido previamente como reactualizar las que teníamos incluso “mal-aprendidas”.

La mejor manera de aprender de nuestros hijos es observar, observarnos, y escucharnos cuando nos relacionamos con ellos. Observar lo que nos hacen sentir, lo que mueven en nuestro interior. Ver si sentimos ternura, frustración, irritabilidad, impaciencia, miedo, desesperación, diversión, agobio, desconcierto, etc… y en qué situaciones, o si es generalizado, y eso ya será un gran avance para poder vernos e identificar qué podemos y queremos aprender para nosotros y como consecuencia para educar.

Muchas veces en la crianza y en la educación, que no siempre resulta fácil pero no por eso es menos apasionante, sentimos que “no podemos” con determinadas situaciones de nuestros hijos o de la propia demanda de la crianza y la educación. A veces sentimos que la sobrecarga de la vida, sumada a la educación de los hijos “nos llevan al límite” en ocasiones, y en otros casos hasta lo sentimos como una provocación.

Es importante que sepamos que nuestros hijos aprenden a relacionarse con nosotros con el modelo de relación que previamente le ofrecemos: puede ser desde el respeto, desde la autoridad, desde la igualdad, desde la inestabilidad, desde la incoherencia, desde la madurez, desde la amabilidad, etc…

En los casos en los que nos sintamos perdidos la pregunta podría ser, “¿Me doy cuenta de lo que sucede?”, “¿Puedo hacer algo para modificar esta situación?”, “¿Estoy siendo claro y coherente en lo que espero o en mis normas?”, “¿Me trato y trato a mis hijos con respeto”?

A partir de ahí podremos parar y aprender a educar a cada uno de nuestros hijos, superándonos y creciendo nosotros como padres y como personas.

Los hijos también nos hacen sentir cosas muy diferentes, hay hijos que nos tocan “la fibra” por su forma de relacionarse con nosotros, su tacto, su estar, su mirada o su tono al llorar… y nos generan ternura. Y otros hijos tienden a “dispararnos” o a hacernos reaccionar y querer controlar, debido a su actividad, su demanda, su personalidad, sus preguntas, su inquietud, sus lloros continuos, o su energía… y nos llevan a otros extremos emocionales.

Y con cada hijo las emociones, los aprendizajes y el crecimiento es todo un mundo de montañas y valles que también nos enseñará a ver con relatividad y con ecuanimidad la vida.

Lo interesante aquí podría ser hacer un ejercicio de mindfulness, pararse, observar, respirar, darse un tiempo para reflexionar, tratando de “no reaccionar” y “sí tratando de responder” lo que realmente deseamos hacer. Y a partir de ahí educar, además de crecer nosotros en aquello que nos resulta difícil, incomodo o complicado de vivir, con el fin de lo que todos buscamos “ser más felices” y “dar lo mejor a nuestros hijos”.

De nuestros hijos

  • Podemos aprender a decir no con amor.
  • Podemos aprender a vivir en presente.
  • Podemos aprender a relativizar las circunstancias de la vida.
  • Podemos aprender a sentirnos más despreocupados por las cosas y darle ligereza a nuestra vida.
  • Podemos aprender a investigar y recuperar nuestra curiosidad
  • Podemos aprender a recuperar nuestra creatividad.
  • Podemos aprender a entregarnos a la vida como ellos.
  • Podemos aprender a tener mentalidad de niño, con inocencia y con entusiasmo.
  • Podemos aprender a expresar nuestras emociones.
  • Podemos aprender a respetar y valorar mucho nuestros tiempos, nuestro espacio.
  • Podemos aprender a desarrollar paciencia y tolerancia.
  • Podemos aprender a superar muchos miedos.
  • Podemos aprender a comunicarnos en diferentes códigos.
  • Podemos aprender el arte de educar y de vivir.

    Ana Asensio es madre de familia numerosa y psicóloga de formación. Experta en psicoterapia gestalt, desarrollo evolutivo, terapia del lenguaje, transpersonal, mindfulness, familia y autismo donde ha desarrollado gran parte de su vida profesional. Tiene más de 20 años de experiencia y desarrolla su labor en Vidas en positivo.

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