Confunde ayer, hoy, mañana...

Lo que antes era hoy, ahora es ayer. Y lo que era mañana, se convierte en hoy. ¡Qué lío! Es normal que los niños necesiten ayuda para comprender el concepto de tiempo y para aprender las expresiones que lo califican.

La experiencia del día a día permite a los niños ir entendiendo el concepto de tiempo: observar que hay cosas que una vez que ocurren ya no vuelven a suceder, como el día de su tercer cumpleaños, y otras que se repiten en periodos más o menos largos, como la hora de comer o esa época en la que los árboles pierden sus hojas.

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Juegos para ponérselo fácil

Al ir asimilando los conceptos temporales gracias a sus vivencias, es lógico que los pequeños comprendan antes el pasado y el futuro cercanos que el pasado y el futuro lejanos. También aprenden antes conceptos fácilmente identificables para ellos, como el día y la noche y el sábado y el domingo, que son los días en los que no hay colegio.

Una manera muy agradable de ayudar a tu hijo a comprender qué es el tiempo consiste en hacer que preste atención a los acontecimientos familiares más memorables (recuérdale, por ejemplo, que se acerca el día del padre). También podéis realizar actividades que le vayan familiarizando con este concepto tan abstracto, como éstas:

Charlar en términos de temporalidad. Antes de acostarle, habla con tu hijo sobre lo que ha hecho a lo largo del día “por la mañana” y “por la tarde”. También puedes ayudarle a recordar lo que hizo ayer y lo que hará mañana.

Identificar el momento temporal de una escena. Enséñale diferentes imágenes sacadas de cuentos y revistas y pídele que te diga si ocurren por la mañana, por la tarde o por la noche.

Ordenar secuencias. Consiste en ofrecerle dibujos que representan una acción y pedirle que los coloque en orden para que la acción sea coherente. Pueden ser tres imágenes en las que se vea un niño desnudo, a medio vestir y vestido por completo. Conforme vaya dominando el juego, aumenta el número de tarjetas.

Reconocer las estaciones. Enséñale a identificar las estaciones por sus características. Puedes pintar cuatro paisajes iguales (una casa con un jardín, por ejemplo) y en otro folio dibujar los elementos más representativos de cada temporada: el sol, las hojas caídas, la nieve, las flores... Después, ayúdale a distribuir los elementos para componer los cuadros de las cuatro estaciones.

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Ver fotografías suyas. Observarse a sí mismo el verano pasado, en Navidad y en las fiestas de Carnaval le descubrirá que el tiempo pasa y que todos, sin excepción, cambiamos con él.

Él va a su ritmo, no al tuyo

Aunque vayas iniciando a tu hijo en el concepto de tiempo, él lo vive de una manera muy distinta a ti. Aún no sabe lo que significan 10 minutos o un cuarto de hora. Por eso tarda tanto en calzarse, se eterniza comiendo...

Puede que te lo parezca, pero tu hijo no es especialmente lento, le ocurre lo mismo que a los otros niños de su edad: vive el momento presente, disfruta de cada instante y como aún no se hace un esquema mental de lo que le debe cundir el día, ni siquiera se plantea la posibilidad de que no le dé tiempo a todo. Por eso nunca tiene prisa. Así que, para que no lleguéis tarde a todas partes, habitúate a arreglarle con mucha antelación y sé paciente con él: aún tardará en descubrir que el tiempo es oro.

Así lo entiende a cada edad

Aunque a los adultos nos lo parezca, no es tan fácil adquirir este concepto. Así lo entiende el niño a cada edad:

2-3 AÑOS. Entiende las palabras ya, ahora y después, si se refieren a hechos cercanos a él (“puedes tomar un flan después de comer”).

3-4 AÑOS. Comprende los términos hoy, día, noche, tarde... Las palabras mañana y ayer ya forman parte de su vocabulario, aunque en ocasiones no las utiliza bien.

4-6 AÑOS. Memoriza los días de la semana y entiende por qué llevan siempre el mismo orden. También identifica las estaciones del año.

6-8 AÑOS. Observando el paso de las estaciones y de las fechas importantes para él, va asimilando conceptos más complejos, como las horas que marca el reloj y los meses.

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