Enseñar buenos modales

Pedir las cosas por favor, dar las gracias, respetar el descanso de los demás... Si practicáis estas actitudes entre vosotros, vuestro pequeño acabará siendo un niño educado y amable con todos.

Hay un dicho muy antiguo que asegura que “los buenos modales abren puertas principales”. Y todos sabemos que lleva razón. Saludar, pedir las cosas por favor, dar las gracias, ceder el asiento en el autobús... Son actitudes que provocan buenas vibraciones y sentimientos positivos porque implican una convivencia amable, de solidaridad y de respeto hacia los que nos rodean.

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Factores influyentes

El niño pequeño evoluciona de forma natural desde el egocentrismo (todo gira alrededor de él) hasta la socialización. En este proceso juegan un papel fundamental tres factores:

  • Su carácter. Ser más abierto y amable con los demás o más seco y arisco también viene determinado, en parte, por la herencia genética.
  • Los amigos con los que se relacione en el colegio y en el vecindario. Por eso conviene vigilar las compañías del pequeño y fomentar sus encuentros con niños bien educados.
  • La educación que recibe en casa. Con vuestro ejemplo podéis enseñar a vuestro hijo a comportarse de un modo cercano y afectuoso con todos (está empezando a tener conciencia social).

    Siendo tan “mayor” ya debería pedir las cosas por favor, dar las gracias, saludar y despedirse, pero tampoco le obliguéis a hacerlo si le cuesta mucho. Si es muy tímido y en vez de saludar se esconde detrás de vosotros, no le forcéis. Es mejor no dar importancia al asunto y dejar que descubra por sí mismo que decir “hola” o “buenos días” no es algo de lo que deba avergonzarse.

    Una actitud gratificante

    Los niños deben tener una idea muy clara de la relación que existe entre sus actos y sus consecuencias. Por eso es muy importante que hagáis ver a vuestro hijo los efectos positivos que sus conductas amables producen en los demás y, como consecuencia, también en sí mismo.

    Decidle cosas como: “¿ves lo contenta que se ha puesto nuestra vecina cuando le has ayudado a abrir la puerta del ascensor y lo bien que te sientes tú contigo, por haberla hecho sonreír?”.

    Vuestro reconocimiento y el de los adultos de su entorno, así como lo satisfecho que se sentirá él de su persona, se convertirán, sin duda, en los mejores estímulos para que vuestro pequeño siga adoptando actitudes afables, que tienen en cuenta a los demás.

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    Y para que el niño también sea discreto y diplomático...

    • Jamás aludáis al aspecto físico de otras personas para criticarlas. Frases del estilo de “¡qué gordo está!” o “tiene la cabeza como un balón” son un caldo de cultivo ideal para las indiscreciones infantiles.
    • Evitad hablar delante de él de problemas que hayáis tenido con vuestros familiares y amigos, no vaya a ser que se le escape algo que no queréis que cuente.
    • No digáis a otros los secretos que os cuente. Aunque os parezcan banales, para él son fundamentales.
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