1 de cada 4 familias tiene una implicación muy baja en la educación de sus hijos durante la etapa infantil

Y delega esta responsabilidad en los maestros, de los cuales el 83% afirma no poder centrarse correctamente en aspectos emocionales y de formación en valores debido al importante lugar que ocupa la enseñanza de nuevos idiomas y la lectoescritura.

Niños en educación infantil
Getty Images

Una de cada cuatro familias, es decir, el 25,5%, tiene una implicación muy baja en la educación de sus hijos durante los primeros 6 años de vida, un 20,5% tiene una implicación baja, un 20% una implicación media, un 22% una implicación alta y un 12% una implicación muy alta, según señala el VI Estudio de Opinión sobre la Educación Infantil en España elaborado por la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) correspondiente a 2018.

El estudio demuestra que la implicación de las familias cuando sus hijos acuden por primera vez a un centro infantil es muy alta debido a las necesidades asistenciales del pequeño, pero que conforme el niño va creciendo y adquiriendo autonomía esta implicación va decayendo. Además, el trabajo también deja entrever que las familias no ponen demasiada atención a la parte educativa y que delegan esta responsabilidad en los maestros.

“Este informe -señala Elvira Sánchez Igual, directora de comunicación de AMEI-WAECE y principal responsable del estudio- nos permite obtener una visión panorámica de la Educación Infantil en España y extraer conclusiones que deben servirnos como hoja de ruta para mejorar en el progreso de los más pequeños”. En este sentido, los resultados muestran una falta de coordinación y de trabajo en equipo entre las familias y los educadores. “La labor educativa empieza siempre en la familia. Los educadores y maestros de Infantil deben compartir con ellas esa responsabilidad, completando y ampliando las experiencias formativas que los niños y niñas adquieren en el marco familiar”. Según la asociación, este trabajo en equipo, esta complementación, debe servir para lograr determinados hitos del bebé como dejar el pañal, el chupete, lograr que coman solitos… para lo que se necesita que las familias y los centros infantiles estén en contacto para seguir las mismas pautas de actuación.

Otra de las conclusiones del trabajo muestra que existen desacuerdos entre familias y educadores respecto al tema de los horarios. En este sentido, mientras que los maestros exigen horarios adaptados a la labor educativa los padres demandan una mayor flexibilidad horaria por las circunstancias sociolaborales. Para la AMEI-WAECE, se debería hablar de “horarios adaptados a los niños”.

Respecto a la percepción del compromiso y la voluntad política con la Educación Infantil en España, el estudio recoge resultados muy diferentes respecto del primer ciclo (0-3 años) y el segundo (3-6 años). En este sentido, mientras que en el primer ciclo el 55% de la comunidad educativa piensa que el compromiso es bajo o muy bajo por parte de las administraciones y tan solo un 26% lo considera alto o muy alto, en el segundo, el 50 % de los encuestados considera que la implicación política es alta. En cuanto a los recursos de los que dispone el profesorado, no hay diferencias significativas entre el primer y el segundo ciclo de educación Infantil y en ambos casos se reclama la figura del profesor auxiliar para “asegurar una atención adecuada” (sobre todo en la primera etapa).

El estudio también profundiza sobre los aspectos que deben cambiar en la Educación Infantil y aquellos que deben mantenerse siempre bajo la premisa de que esta etapa educativa debería ser obligatoria de carácter educativo y no asistencial de calidad.

Aspectos a mejorar:

  • Los educadores de infantil exigen que se realice una revisión de los contenidos y metodologías. En este sentido, 2 de cada 3 maestros considera poco realista el currículo de infantil.
  • El 73% de los maestros alertan sobre la “primarización” de la educación infantil: “esta etapa no puede ser un adelantamiento de contenidos para llegar a Primaria con competencias concretas porque de esta forma no se tienen en cuenta los diferentes ritmos evolutivos de cada niño”.
  • La enseñanza de la lectoescritura y la iniciación en segundas y terceras lenguas no deja espacio a los docentes para centrarse en los aspectos emocionales y la educación en valores.
  • La comunidad educativa considera que no hay una buena coordinación entre los ciclos de infantil, de hecho, el 55% de encuestados considera baja o muy baja la coordinación entre estas etapas.

    Según señala Juan Sánchez Muliterno, presidente de AMEI-WAECE, “la primera infancia es una de las fases más importantes e influyentes en la vida de cualquier niño, especialmente durante los primeros 1.000 días. En esta etapa se instauran las bases fundamentales del desarrollo de la personalidad, se conforman los hábitos, habilidades, conocimientos y capacidades que se desarrollarán y perfeccionarán en las sucesivas fases de la vida de cada niño. Es la etapa más determinante, pero como podemos ver todavía no parece ser tan importante como el resto”.

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