Disciplina positiva para niños

Educar en positivo a los niños quiere decir huir de los castigos y los gritos y optar por un lenguaje positivo y una redirección de las conductas indeseadas.

disciplina positiva niños
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Para saber aplicar la disciplina positiva con nuestros hijos, primero hemos de entender en qué consiste. Tal y como explica la Asociación Disciplina Positiva España (ADPE) en su web, la disciplina positiva es un modelo educativo basado en el respeto mutuo y en la colaboración en la que es clave entender el comportamiento de los niños y educarles en positivo, con amor y afecto, mediante el diálogo, el entendimiento y la empatía. Se trata de un modelo en el que los castigos no tienen cabida, sino que los malos comportamientos se intentan reconducir con respeto, sin luchas de poder y de forma positiva.

A través de este modelo educativo nos alejamos de los gritos, de los castigos y, por supuesto, de los azotes para dejar lugar a otro tipo de recursos, sin embargo, no todos los padres saben aplicarlos con sus hijos. Por suerte, a Asociación Americana de Pediatría ha publicado un artículo en la revista Pediatrics donde ofrece consejos sobre cómo llevar a cabo la disciplina positiva en casa según la edad de los niños.

Aplicar la disciplina positiva con bebés

Algunos aspectos de la disciplina positiva pueden comenzar a practicarse desde que el niño es muy pequeño, por ejemplo:

  • Dar ejemplo: más que lo que digamos, los niños aprenden lo que ven que nosotros hacemos. Hay un aforismo latino que dice así: “las palabras enseñan, los ejemplos arrastran”. Trata de no levantarle la voz, de autocontrolarte y de ser un modelo positivo para el pequeño, eso será lo que él aprenda de ti.
  • La distracción, nuestra aliada: si tu bebé está realizando alguna conducta peligrosa o ves que está a punto de enrabietarse, proporciónale un nuevo estímulo con el que distraerse. ¡Funciona!
  • Cuidado con el lenguaje: educar en positivo también significa comunicar en positivo. Ahórrate el “no” para cuando sea estrictamente necesario e intenta reformular las frases en positivo. Esto es lo que se conoce como comunicación asertiva.
  • Sé consciente y constante: lo que le permitamos o no le permitamos al bebé no debe depender de nuestro estado de ánimo, sino que hemos de establecer unas normas y unos límites que han de ser respetados por todos los miembros del hogar.

    Niños de 1 a 3 años

    Además de mantener las pautas que hemos visto anteriormente, a medida que los peques van creciendo podremos aplicar nuevas estrategias de disciplina positiva que respondan a sus nuevos comportamientos:

    • Firmeza: a los niños les gusta experimentar y no son conscientes de lo que es peligroso y de lo que no. Debemos establecer normas sobre lo que sí se puede hacer y lo que no está permitido e intentar redirigir la conducta que no nos gusta del niño mediante la distracción o dándole nuevas opciones de entretenimiento en lugar de gritar o castigar.
    • Anticipación: a medida que nuestro pequeño va creciendo también somos más conscientes de sus comportamientos y somos capaces de predecir lo que quieren antes de que armen un berrinche. Estate atento de las señales para solucionar la situación antes de que suceda, por ejemplo, cuando el niño tiene hambre o esté cansado.
    • Ignora los comportamientos: a veces, cuando les decimos que no pueden jugar con algo porque lo consideramos peligroso, los peques tienden a llorar y enrabietarse. Trata de ignorar ese comportamiento, que sepa que llorando no se consiguen las cosas, eso sí, siempre fijándote en que está seguro y no hace ninguna tontería.

      De 3 a 5 años

      Conforme el pequeño vaya creciendo podrá hacer nuevas tareas y le gustará sentirse integrado en las responsabilidades del hogar (las que pueda, claro):

      • Asignarle una responsabilidad acorde con su edad: esto le ayudará a sentirse útil y a desarrollar el sentido de la responsabilidad. Además, cuando la realice, es recomendable que le ofrezcas un elogio o le felicites a modo de refuerzo positivo, eso le motivará para seguir haciendo su labor.
      • Explicarle las cosas con claridad y una única vez: a veces los peques no entienden por qué no pueden o por qué deben hacer ciertas cosas y cuestionan tu explicación. No caigas en la trampa, dale una única explicación, que sea clara y ahórrate tener que repetírselo, ya se lo has dicho y no es un tema a debate.
      • Dejar que tome decisiones: podemos comenzar a dejar que se vista solito, o si vemos que aún no está preparado, ofrecerle varias alternativas limitadas para que escoja entre ellas. Que poco a poco vaya tomando decisiones es beneficioso para el desarrollo de su autoestima y la seguridad en sí mismo. Además, también aprenderá que hay cosas en las que puede tomar partido y otras en las que no.
      • No discutir en pleno berrinche: pues cuando las personas están en caliente, ya sean bebés, niños, jóvenes e incluso adultos, no suelen atender a razones y dicen cosas que en realidad no sienten. Será más efectivo que intentes hacerle entrar en razón cuando esté relajado.
      • Aprendizaje a través de cuentos y películas: las películas y los cuentos infantiles son una muy buena forma de enseñar a nuestros hijos principios y valores tales como el respeto, la amistad, la comprensión, la integridad, así como para que aprendan sus emociones al sentirse identificados con algún personaje que se siente de una determinada manera.

        De 6 a 12 años

        Durante esta franja de edad tu hijo irá comprendiendo la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, aunque a veces seguirá necesitando tu ayuda hacerlo correctamente. Es un buen momento para ayudarle a identificar sus sentimientos y emociones y para analizar las conductas con más detenimiento.

        • Si se porta bien tiene privilegios, si no, no: el niño ha de entender que jugar con la Tablet, a los videojuegos, ver la televisión o salir con sus amigos son privilegios derivados de su buen comportamiento y que, si no se porta bien, no dispone de ellos. Es una percepción diferente al castigo y una forma de enseñarle la relación entre esfuerzo y recompensa.
        • Ayúdale a analizar las situaciones: es muy positivo que le ayudes a relacionar los hechos con las consecuencias, ya sean positivos o negativos. Esto puede resultar muy útil, por ejemplo, cuando tu hijo te cuenta una situación que haya pasado en el cole. Tú le puedes ayudar a establecer conexiones entre quién ha estado bien, quién ha estado mal y como podrá mejorarse una determinada reacción.
        • La frustración: la mejor forma de aprender a gestionar la frustración es frustrándose y familiarizándose con esa sensación hasta poder salir de ella sin que se caiga el mundo encima. Los niños deben aprender que las cosas no siempre salen como uno quiere y que de vez en cuando A + B no es C. Ante estas situaciones hemos de motivarle para que no se rinda, haciéndole ver que es ley de vida.
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