Los niños que viven en un entorno familiar feliz tienen menos problemas de salud cuando son adultos

Disfrutar de una infancia alegre puede influir en la salud y en la longevidad de tus hijos.

Niño triste
Getty Images

Tener una infancia feliz influye en la futura vida adulta del niño tanto a nivel emocional como físico. Y es que según un estudio realizado por científicos del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan, los niños que durante la infancia viven en un entorno adverso que les proporciona sufrimiento emocional (falta de atención, inestabilidad familiar) sufren un envejecimiento anticipado de sus cromosomas.

La edad biológica de las personas no es la que establece nuestra fecha de nacimiento, sino la que determina la longitud de los llamados telómetros, que son los extremos de los cromosomas de las células. Cuanto más largos sean estos, menos posibilidades tendremos de enfermar y nuestra vida será más longeva.

En la investigación, que se realizó analizando a 40 niños de 9 años que provenían de ambientes familiares muy diferentes y extremos (la mitad de los niños vivía en hogares privilegiados y la otra mitad en condiciones muy desfavorables), se determinó que en aquellos que habían crecido en peores entornos la longitud de los telómetros se correspondía con los de una persona de mediana edad (40 años).

Por ejemplo, los niños cuyas madres habían tenido varias relaciones de pareja tenían los telómetros un 40% más cortos que aquellos que siempre habían tenido la misma estructura familiar. Por otra parte, los niños con madres con estudios superiores tenían los telómetros, de media, un 35% más largos. Además, la investigación demostró que los telómetros más cortos estaban asociados con padres violentos y madres excesivamente jóvenes.

Eso sí, no a todos los niños les influye de la misma manera el entorno en el que crecen. Los análisis genéticos que se realizaron determinaron que ciertas mutaciones genéticas hacen más sensibles a las personas a sufrir los efectos del entorno. En este sentido, aquellos con una combinación de genes implicados en la liberación de serotonina y dopamina tenían los telómetros más largos cuando crecían en ambientes privilegiados y más cortos cuando lo hacían en entornos desfavorables.

El estudio demuestra que el ambiente emocional y social en el que nos criamos puede provocar cambios biológicos en nuestro organismo poniendo en riesgo nuestra salud. Los detalles de esta investigación se pueden consultar en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

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