Pautas para educar a tus hijos en positivo y sin necesidad de castigo

Reforzar las conductas positivas de nuestros hijos en lugar de focalizarnos únicamente en las negativas puede resultarnos un método más efectivo.

educar en positivo
Getty Images

Los pediatras norteamericanos han actualizado su protocolo de actuación a través de la American Academy of Pediatrics (AAP) y han reforzado su postura sobre los métodos aconsejados para educar a los niños. Los profesionales de la salud infantil en Estados Unidos han hecho hincapié en que los azotes o los gritos deben estar complemente desterrados de la forma de educar de los padres ya que hace nque los niños se sientan humillados, dañan su autoestima, los hace más agresivos y afectan a su capacidad cognitiva. Eso no quiere decir que los padres no tomen medidas cuando sus hijos tienen un comportamiento no apropiado, pero sí indican que hay formas más efectivas y educativas para hacerlo. Según los pediatras, la disciplina positiva ayuda a los niños a modificar sus conductas y a gestionar la frustración.

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Te contamos las 10 pautas que desde la APP aconsejan para llevar a cabo una educación en positivo y sin recurrir a los gritos:

  1. Dar ejemplo: no podemos pedir a nuestros hijos que hagan una cosa si nosotros les damos el ejemplo contrario. Hemos de estar en armonía con lo que les exigimos y la forma en que nosotros actuamos como padres y como personas. Esto es muy importante porque los niños tienden a imitar a sus referentes, es decir, nosotros.
  2. Poner límites: los padres deben establecer límites y normas realistas y ser capaces de seguirlas. Si tu hijo hace algo que está mal y le castigas, ese castigo ha de mantenerse aunque los días posteriores se haya portado bien. Los niños han de comprender que todo acto tiene sus consecuencias.
  3. Explicarles las consecuencias de sus conductas: para que los niños entiendan la premisa anterior, hemos de explicárselo en un lenguaje adaptado a su edad. Por ejemplo, “si no recoges tus juguetes, no podrás jugar con ellos después”. También es necesario que entiendan el porqué de la conducta que le estás planteando realizar.
  4. Escuchar a los niños: es importante que no nos anticipemos a nuestros hijos sino que les permitamos explicarse antes de tomar partido en la situación. Hay que intentar razonar con él antes de exponer cuáles serán las consecuencias de su conducta.
  5. Presta atención a lo positivo: a veces los padres sacamos la lupa para ver en qué falla nuestro hijo cuando lo realmente efectivo es potenciar aquello que hace bien para estimularle e impulsarle a seguir haciéndolo.
  6. Ignorar un mal comportamiento: cuando nuestro hijo tiene cierta edad puede ser efectivo dejar que sea él mismo quien descubra que lo que ha hecho ha estado mal y se arrepienta sin necesidad de tener que decírselo.
  7. Estar preparados para el enfrentamiento: cuando somos conscientes de lo que hace que nuestro hijo reaccione mal nos hace ser previsores y tomar partido en la situación de una forma más calmada y firme y obteniendo mejores resultados.
  8. Reconducir un mal comportamiento: es muy importante que no solo nos centremos en lo que ha hecho mal el niño sino que le expliquemos cuál es la forma de reconducir su conducta para que la próxima vez sepa que hay otra forma alternativa de actuar.
  9. Dejarles tiempo para que se calmen: habrá muchas veces en las que no conseguiremos que nuestros hijos entren en razón y acaben con su rabieta. Un buen método para que se relajen puede ser la pausa obligada, es decir, mandarles a su habitación a que se relajen. Los pediatras americanos recomiendan que el tiempo que les mandemos a reflexionar sea de un minuto por año que tengan, es decir, si el niño tiene 3 años, 3 minutos. Cuando los niños son más mayores puede resultar interesante que sean ellos quienes gestionen este tiempo: “Vete a tu habitación y vuelve cuando estés más calmado”.
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    Estos métodos pueden resultar muy efectivos a la hora de educar a nuestros hijos, eso sí, hay que adaptar el lenguaje y la complejidad de nuestras peticiones y normas a la edad del niño. Según explican los pediatras estadounidenses, con los niños de 0 a 3 años funciona mejor dar ejemplo y el lenguaje positivo, mientras que a partir de los 3 años es más efectivo reforzar lo bueno e ignorar lo malo ya que muchos niños se portan mal para llamar la atención y puede que si les ignoramos dejen de actuar de esa manera.

    A partir de los 6 años, recomiendan poner sobre la mesa las opciones buenas y malas que tienen de actuar ante una situación problemática y cuando ya son adolescentes, aconsejan hacer una balanza con lo que esperamos de ellos y lo que realmente pueden hacer para actuar en consecuencia.

    La clave para educar a nuestros hijos es enseñarles a afrontar la vida con sus dificultades, a gestionar la frustración y a hacerles ver que no siempre lo que se quiere se puede tener. También hemos de ser padres empáticos y saber ponernos en el lugar de nuestro hijo cuando sea necesario, pero también ser firmes cuando nuestro hijo tiene una mala conducta.

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