El azote como método castigo tiene consecuencias negativas para los niños según los pediatras americanos

Los pediatras estadounidenses recomiendan optar por métodos educativos de refuerzo de las conductas positivas, así como la imposición de límites.

Padres regañando a su hijo
Getty Images

Los pediatras estadounidenses se posicionan en contra de utilizar el abuso físico y verbal como medida educativa para corregir las malas conductas de los niños y han creado una guía dirigida a los profesionales sanitarios y educativos en la que han establecido muy clara esta postura. Los pediatras americanos consideran que gritar a los niños o darles algún azote como medida correctiva no es una opción dada su ineficacia y las posibles consecuencias que pueden tener para sus hijos. Estas nuevas políticas se presentarán en la National Conference & Exhibition 2018 de la Asociación Americana de Pediatría en Orlando para que los expertos en educación insten a los padres a no utilizar este tipo de castigos para educar a sus hijos. En lugar de recurrir al azote, los pediatras recomiendan usar estrategias que fomenten el refuerzo de las conductas positivas y poner límites.

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Además, esta guía pone sobre la mesa la importancia del papel los pediatras y su relación con las familias, pues suponen su principal fuente de información y es una figura imprescindible desde que nace el bebé hasta los dos años y sigue la evolución del niño, en algunos casos, hasta pasados los 14 años. Por tanto, este profesional es una figura de confianza para los niños, pero sobre todo para los padres desde el minuto cero. Esta relación favorece que los pediatras puedan informar eficazmente y a tiempo a los padres sobre las consecuencias negativas de los azotes o de los gritos a sus hijos.

Uno de los autores de estas nuevas políticas, Robert D. Sege ha explicado en un comunicado que “ejercer violencia sobre los niños produce daño no solo físico y mental, sino que también tiene un efecto negativo en cómo se desarrollan en la escuela, en la vida y en sus relaciones con sus iguales".

Este tipo de conductas correctivas violentas no solo se refieren a los abusos físicos como los azotes o las bofetadas, sino también la agresión verbal y las humillaciones, que sin llegar a las manos, son igual de ineficaces. De hecho, según una investigación publicada en el Journal of Family Psychology en 2016, los azotes consiguen el resultado opuesto al deseado: facilitan el desarrollo de conductas desafiantes en los niños hacia sus padres, hacen que los niños asuman comportamientos asociales y puede provocarles problemas psicológicos. En este sentido, este tipo de castigos o reacciones por parte de los padres pueden tener consecuencias negativas en la vida del menor a corto y a largo plazo: baja autoestima, carácter introvertido, relaciones negativas con los padres, deterioro de las habilidades cognitivas…

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Para evitar estas consecuencias, la Asociación Americana de Pediatría destaca la labor de guía de los pediatras hacia los padres, que deben explicarles la inefectividad de estos castigos, así como sus efectos secundarios, y animarles a utilizar otro tipo de técnicas educativas que respeten la integridad del menor y refuercen sus conductas positivas.


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