El error de los 'padres helicóptero' de sobreproteger a los hijos

Los peligros de la sobreprotección sobre nuestros hijos son muchos ya que sólo conseguiremos que se conviertan en niños egoístas y narcisistas que no sabrán afrontar la realidad de la vida cuando crezcan.

padres helicóptero
Getty Images

Sobreproteger no es educar y con esta premisa, Javier Urra escribe este artículo las bases de su nuevo libro 'Déjale Crecer o tu hijo en vez de un árbol fuerte será un bonsái'. Y es que a veces los padres se olvidan de que tienen que preparar a los hijos para que sean personas autónomas capaces de tomar sus propias decisiones y de reaccionar si se equivocan para saber lidiar con la frustración.

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Lee a continuación el artículo de Javier Urra si no quieres educar a tus hijos en la sobreprotección:

En la actualidad se habla mucho de los padres helicóptero, pero ¿qué tipo de padres son? Son progenitores que buscan que los hijos sean ante todo, sobre todo, y sobre todos, felices, que dan la razón a sus hijos, por el mero hecho de serlo, que se dejan chantajear, sobornar, que quieren comprar su cariño. Son los padres que buscan evitar el daño moral, emocional, psicológico, y eso que es normal, apreciable y aplaudible, pero que se convierte en algunos casos en una sobre-atención, en un caminar vital con red.

La sobreprotección se convierte en un patrón dañino porque evita enfrentar al niño a las dificultades y los conflictos del mundo real, no fortaleciendo la tolerancia a la frustración y la resiliencia. Hay que vivir la vida afrontando las caídas para luego levantarnos, por lo que hay que tener mucho cuidado para que los niños de hoy no sean los 'blandengues' del mañana, pero tampoco exigentes y demandantes de forma casi patológica. No hagamos de nuestros niños unos seres fácilmente quebrantables, que no escuchen el crujido o el chirrido interior.

Una cosa son los dibujos animados o los cuentos ahora dulcificados, y otra la cruda realidad, que también tiene su atractivo por su dureza por el reto existencial que conlleva. Los padres, y quizás acierten, anticipan una sociedad muy competitiva y quieren preparar a los hijos para ello. Eso los lleva a forzar, y mucho, en lo que se refiere al desarrollo de sus talentos, pero olvidan en gran medida la educación emotiva y el fortalecimiento de carácter.

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¿Por qué hoy es tan difícil educar?

Porque la sociedad es más compleja. Antes educaban los padres y también la sociedad, que era muy coercitiva, muy jerárquica, con un sentido riguroso del deber. Ahora hay más libertad y tenemos más posibilidades, pero grandes problemas, ya que los patrones con los que fueron educados los padres, consideran que no les sirven para educar a sus hijos.

Hay muchos padres que tienen gran dificultad para concretar sus funciones de paternidad-maternidad y posibilitar el crecimiento autónomo. Se debaten entre el autoritarismo y el dejar hacer sin encontrar alternativas, percibiendo que la función que han de ejercer les conlleva un gran costo casi en su salud, y con grandes deterioros en la relación de pareja.

Y si bien se invierte tiempo, dinero y esfuerzo en el currículum de los hijos, haremos lo correcto al mejorar en disciplina, en decir a los niños 'no' para que se sientan seguros y protegidos. Por cierto, el 'no' es innegociable. No se puede retirar.

Cuando dedicamos tiempo a los hijos, no necesariamente la prioridad ha de ser por y para ellos, sino para nosotros, padres, y es que disfrutar de y con los hijos es una gozada.

Convivir con los hijos, es vivir con intensidad, disfrutar y manejarse en el conflicto. Eduquémosles en no ser consumistas, a ceder el sitio a personas mayores, embarazadas, con discapacidad. A respetar a los animales y al medioambiente.

Educar a un hijo requiere mucho esfuerzo, mucho equilibrio, mucho prepararse, mucho esperanzarse. Y saber que nos vamos a disgustar, que nos vamos a enfadar, que no vamos a comprender. Pero que merece la pena, que crecemos juntos, que aprendemos padres e hijos.

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