¿Cuándo superan sus miedos?

A partir del año y medio, el el niño empieza a verse a sí mismo como una persona autónoma, lo que hace que poco a poco sea más independiente.

El miedo a los extraños desaparece primero, cuando el pequeño aprende que las caras nuevas no entrañan peligro (tú se lo dices cuando él te interroga con la mirada) y la curiosidad supera a su temor.

Generalmente entre los 12 y los 14 meses el niño deja de asustarse. El miedo a la separación suele perdurar más, hasta los 24 o 30 meses.

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El punto culminante de la dependencia emocional se da en torno a los 18 meses. A partir de este momento la necesidad de estar pegado a ti y los berrinches cuando le dejas van disminuyendo, a medida que el niño se siente más capaz y crece su afán por explorar. También aprende que mamá y papá, día tras día, vuelven después de cada separación, y esto aumenta su seguridad.

Sin embargo, los niños difieren en su capacidad para afrontar estos miedos. Así, Julia, de 18 meses, a la que cuida su abuela, no quiere perderla de vista y llora cuando no la ve, aun teniendo a su tía al lado. Y Eduardo, de 22 meses, está feliz con sus padres y con los abuelos, que cuidan de él, y también le gustan los niños del parque, pero al ver adultos extraños se tapa la cara. Tampoco ha superado esta fase.

Más miedosos... o menos

Hay factores que hacen que unos niños se lancen con más facilidad a conocer nuevas personas que otros:

  • El nivel de madurez. No todos los niños alcanzan el sentido del “yo” (y con ello el comienzo de la independencia) a la misma edad.
  • El carácter. Al niño sensible y tímido le cuesta más abrirse al mundo que al extrovertido y espontáneo. Uno se siente menos cómodo en el contacto con nuevas personas y necesita tiempo, mientras que el otro se acerca con soltura.
  • La experiencia. Si el niño crece en un seno familiar abierto, con visitas frecuentes, es más probable que tema menos a la separación. A los niños con menos contactos sociales les suele costar más. También las vivencias dolorosas, como un ingreso hospitalario o la separación de la madre durante el primer año, pueden interferir en la sociabilidad del niño. Generalmente hacen que necesite más tiempo para sentirse a gusto con personas “extrañas”.
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    Las separaciones no son fáciles para nadie, tampoco para los padres. Pero hay que entender que son parte de la vida y que ayudan al niño a confiar en otras personas y a crear lazos fuera de la familia. Todos os veréis enriquecidos con ello.

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