Sólo con mami

Muchos niños pequeños pasan por una fase de temor a los desconocidos y a separarse de sus papás. ¿Por qué sucede? ¿Y cómo hay que actuar?

Casi todos los niños, en torno a los 8 meses, atraviesan una etapa llamada “el miedo a los extraños”.

El bebé, que hasta entonces se ha mostrado amigable con todo el mundo, empieza a manifestar sus preferencias: te otorga una gran sonrisa a ti y a su papá, pero llora asustado cuando se le acerca alguien que no le resulta familiar o que no ve con frecuencia.

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¿Por qué estos miedos?

A esta edad tu hijo ya intuye que no es una parte de ti, sino alguien independiente (esto le vuelve vulnerable), y como conoce bien los rostros de las personas que están a diario con él, se asusta cuando un desconocido le habla o intenta cogerlo en brazos. Esta reacción es una señal de madurez y, por tanto, es positiva.

La relación con vosotros es más profunda. John Bowlby, psicólogo y gran conocedor de la mente infantil, opina que la aparición del miedo a los desconocidos significa el fin de la fase “del vínculo en proceso”. Ahora el vínculo ya es un hecho.

Por otra parte, esto le provoca una mayor dependencia de ti: si hasta ahora podías dejarle unos minutos solo, ya no es posible, tu peque protesta en cuanto te pierde de vista. Es un periodo agotador.

En la mayoría de los casos, al miedo a los desconocidos le sucede pronto el miedo a la separación. Éste puede darse incluso de un día para otro: por ejemplo, nunca protestó al quedarse en la guarde o con los abuelos, pero ahora se echa a llorar al verte salir. Es por dos descubrimientos que hace en torno a los 12 meses y que acrecientan aun más este temor.

Uno es el desarrollo del concepto de “permanencia”, la constatación de que las personas o las cosas siguen existiendo aunque él no las vea. Si, por ejemplo, a un bebé de 8 meses le escondes una pelota tras un cojín, él no la busca. Pero si lo haces ante un niño de 12 meses, la buscará. Sabe que debe de estar en algún lugar. Lo mismo ocurre con tu ausencia: al no verte, sabe que debes de estar en algún otro sitio, y no con él. Y lo que quiere es tenerte a su lado, así que protesta.

El segundo avance es que el niño ya utiliza su experiencia anterior para predecir los acontecimientos futuros. Al ver que te pones la chaqueta y coges las llaves, sabe que estás a punto de irte. Su memoria y su capacidad para la anticipación han aumentado, pero lo malo es que aún carece de una concepción lineal del tiempo. No sabe si regresarás ni cuándo. ¡Y esto es aterrador!

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