Pasión por el baile

Una vez que el pequeño ya se sostiene de pie, es incapaz de estarse quieto cuando oye música.

De esta forma deja constancia otra vez de que su respuesta a la música es una cuestión visceral. Si los padres le ponen canciones o melodías mientras juega, le ayudan a descargar tensión y a mejorar su motricidad.

Los especialistas sostienen que cualquier tipo de música es adecuada para estimular a los pequeños. Tanto vale la clásica como la moderna o la infantil. Lo importante es que las piezas sean cortas, con varios instrumentos y, si puede ser, con voz. No hay que olvidar que la canción es el alma de la música y que la voz humana tiene una gran riqueza de recursos expresivos.

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Al bailar con la música, el niño aprende a conocer mejor su cuerpo y ejercita el control del movimiento, la coordinación y el sentido del ritmo. Y si los padres se dejan contagiar por el entusiasmo del niño y se implican en la diversión, bailando con él, riendo o aplaudiendo, se multiplican los efectos positivos.

Carolina Alcaide, responsable de Musicoterapia en la Escuela Municipal de Música de El Escorial, de Madrid, explica que “la música, el canto y el movimiento nos llevan hasta ese primer lenguaje sin el cual nunca podríamos haber aprendido nuestra lengua materna”. “Los adultos –afirma– podemos volver a usar nuestras expresiones faciales, variaciones de voz y movimientos corporales para expresarnos como lo hacen los niños de forma natural. Éste es un camino acertado para desarrollar una conversación más rica y variada con los pequeños”.

Esta estudiosa de los beneficios de la música, profesora de expresión oral, realizó un estudio piloto con 16 familias, en sesiones de 8 padres y/o madres con niños de entre 2 meses y 4 años. El estudio demostró que “los procesos de interacción musical en los que participan padres e hijos ejercen una influencia muy positiva en la vida del niño y de su familia: en sus relaciones interpersonales, en el desarrollo de la imaginación, en la capacidad de atención, en la coordinación motora y en el comportamiento. Estos niños se muestran más alegres, seguros, confiados y... ¡sensibles a la música!”.

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